La identidad digital europea (EUDI) constituye una amenaza real para tu libertad

La Identidad Digital Europea (EUDI) promete comodidad, pero introduce una infraestructura de control sin precedentes. En el artículo de hoy analizamos riesgos y cómo protegerte.

A la ya larga lista de razones para dar la espalda al Estado se le añaden más y más asuntos. La UE y sus cómplices aportan tantas ideas contrarias a la libertad que Librestado ya casi no necesita promocionarse, pues el Estado, en este caso la Unión Europea, se encarga de hacerlo por ellos mismos.

La última novedad es la introducción de una identidad digital a gran escala en la UE, concretamente la denominada «European Digital Identity Wallet» (EUDI-Wallet) o en español, la identificación digital europea. En esta cartera de identificación digital se almacenarán electrónicamente documentos y certificados oficiales para simplificar diversos trámites administrativos, como las gestiones ante las autoridades.

Por supuesto, se vuelve a vender como un «servicio para los ciudadanos», una «simplificación de la vida», etc. ¿Quién quiere papeleo cuando puede llevar y entregar toda su identidad desde una simple aplicación?

Vamos a ver todo esto y te explicamos lo que significa para ti y, sobre todo, lo que puedes hacer al respecto.

Supuesta comodidad del EUDI a costa de tu libertad: uno de los peores negocios que puedes hacer.

A finales de 2025, la identificación digital es un tema de actualidad en Europa (o al menos debería serlo). Lo que los políticos y los medios de comunicación venden como «progreso» resulta ser, si se analiza más detenidamente, uno de los sistemas de control más peligrosos que ha introducido la UE.

Para 2027, todos los Estados miembros de la UE estarán obligados a ofrecer a sus ciudadanos la cartera EUDI.

Algunos países, como Alemania, están trabajando a toda máquina para implementarla, pero lo que se promociona como una cómoda «cartera digital» es, en realidad, el siguiente elemento de un aparato de vigilancia europeo que debería abrir los ojos a cualquier persona amante de la libertad.

En España el tema está mucho más presente de lo que parece, pues aunque no se habla de ello en prensa y noticieros generalistas, sí se mueve mucho en círculos técnicos (AEPD, sector trust services, consultoras).​
A efectos prácticos, España está ya alineando su “ecosistema Cl@ve / DNIe / certificados” con la futura cartera EUDI, con pilotos concretos y plazos cerrados desde la UE.

Antes que nada, ten en cuenta que la introducción de una identificación digital no es una reforma, sino un cambio de paradigma completo en la relación entre los ciudadanos y el Estado. En comparación, el debate sobre la abolición del dinero en efectivo, por ejemplo, es casi inofensivo. Pero hablaremos de ello más adelante.

¿Qué es la EUDI-Wallet o cartera EUDI?

La EUDI Wallet se basa en el Reglamento (UE) 2024/1183 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 11 de abril de 2024, que modifica el Reglamento (UE) n.º 910/2014 y establece el nuevo marco europeo de identidad digital, y que entró en vigor el 20 de mayo de 2024.​

Lo que se presenta como una simple innovación técnica es, en realidad, un intento de reorganizar la vida digital de los ciudadanos en toda la Unión Europea.​
En el diseño normativo, la cartera de identidad digital europea permitirá almacenar y presentar desde un único monedero en el dispositivo del usuario diversos atributos y credenciales: datos de identidad, permiso de conducción, datos sanitarios, títulos académicos, medios de pago, pólizas de seguro e incluso medios de firma electrónica cualificada con plena validez jurídica.​

La cartera podrá utilizarse tanto en entornos en línea como fuera de línea, por ejemplo para identificarse ante administraciones públicas, en el check‑in de un hotel o ante requerimientos de verificación de identidad por parte de autoridades.

Se prevé que estas carteras estén disponibles en toda Europa a principios de 2027, con el objetivo declarado de que, para 2030, al menos el 80 % de los ciudadanos de la UE utilicen este tipo de identidad digital. La UE siempre ha tenido objetivos ambiciosos, pero quizá artículos como este contribuyan mínimamente a que no se alcance este objetivo, convenciéndote con buenos argumentos.

Oficialmente, por supuesto, el uso se declara de nuevo «voluntario». Pero cualquiera que haya seguido los acontecimientos de los últimos años sabe exactamente cómo son esas «voluntades» en la práctica: quien no participa, queda sistemáticamente excluido de la vida social. Seguro que recordáis cómo se ha tratado a las personas no vacunadas.

Las razones oficiales para acoger la identidad digital europea: eficiencia, seguridad y digitalización de Europa

Con tres razones principales, se intenta convencernos de que es razonable dejar de lado nuestras libertades en aras de la comodidad.

En primer lugar: simplificaciones en la vida administrativa.

Se acabaron las oficinas de atención al ciudadano abarrotadas, las largas esperas, el caos burocrático o los procesos ineficaces. La digitalización de la administración y la economía fracasa porque no existe una forma uniforme y segura de verificar digitalmente la identidad. Se presenta la identificación digital como la solución: cambios de domicilio, registros de empresas, solicitudes de permisos de conducir, recetas médicas… Todo esto será posible «con unos pocos clics desde casa», sin tiempos de espera ni papeleo. Y para la administración, se promete un alivio: la autenticidad de los documentos se podrá verificar automáticamente, lo que hará innecesarias las comprobaciones manuales por parte de un personal sobrecargado.

Segundo: conexión con el mercado interior europeo.

Porque con la nueva cartera, en el futuro se podrá utilizar la identificación digital en toda Europa, por ejemplo, para abrir una cuenta bancaria, alquilar un coche o matricularse en una universidad de otro país de la UE. Los documentos oficiales, los permisos de conducir o los certificados se pueden almacenar digitalmente y utilizar a través de las fronteras, y los países y las empresas estarán obligados a aceptarlos. Se espera que esto dé lugar a un verdadero mercado único digital, una Europa en la que todo el mundo pueda identificarse de forma segura y sencilla en los 27 Estados miembros de la UE.

Tercero: protección de datos.

Así es. La UE realmente promociona la «soberanía digital». Sin EUDI-Wallet, según el argumento, los ciudadanos europeos seguirían gestionando su identidad en línea a través de empresas estadounidenses como Google o Apple, cediendo así el control de sus datos a esas empresas. La identificación digital pretende cambiar esto: está bajo supervisión estatal y tiene como objetivo crear «identidades digitales fiables», independientemente de los intereses económicos. Se promete protección de datos, control y facilidad de uso. Los usuarios podrán decidir por sí mismos qué datos compartir, almacenar sus credenciales localmente y realizar un seguimiento de cada transacción.

Quienes están familiarizados con las promesas del Estado y su cumplimiento probablemente solo esbocen una sonrisa cansada ante términos como «eficiencia», «soberanía», «voluntad» o «protección». Sin embargo, el problema principal es mucho más profundo.

La identidad digital europea lleva a la vigilancia total en nombre de la pereza

La comodidad y las supuestas simplificaciones en los procesos administrativos son un intercambio extremadamente malo por tu libertad. No confundas control con comodidad, porque si no, te darás cuenta demasiado tarde de lo que estás sacrificando a cambio.

Porque cada nuevo atajo digital que se supone que nos «facilita» la vida amplía al mismo tiempo el rastro de datos que dejamos. La cartera EUDI nos promete menos papeleo, pero a cambio crea un sistema en el que cada identificación, cada transacción y cada acceso se puede rastrear. Lo que comienza como comodidad, termina rápidamente en transparencia total. Y tú mismo sabes muy bien lo rápido que se pueden encontrar «buenas razones» para acceder rápidamente a ese excelente conjunto de datos. Basta pensar en temas como la lucha contra el terrorismo u otras circunstancias relacionadas con la política de seguridad. Así se convence incluso al último crítico, ¿no es así?

Un elemento más en la vigilancia total

En principio, la identificación digital no es más que un elemento más en la vigilancia total de los ciudadanos. Si resumimos lo que la UE quiere implementar, incluso al último defensor de la transparencia y comodidad se le caerían la venda de los ojos:

  • Identidad digital (EUDI-Wallet) -> control total y transparencia sobre todos los datos de identificación
  • Euro digital -> control total de todas las transacciones financieras
  • Chat control -> posibilidad de supervisar cualquier comunicación privada
  • Proyecto de Registro de Patrimonios de la UE -> transparencia total y divulgación de la situación patrimonial privada

¿Aún no te parece lo suficientemente espeluznante? Entonces fíjate en el alcance que tiene el problema de la identificación digital.

La «voluntariedad» de la cartera EUDI como engaño

La cartera EUDI se promociona oficialmente como «voluntaria», pero la realidad ya es diferente. A principios de 2027, todos los Estados miembros de la UE deberán proporcionar la cartera y, a finales de 2027, los sectores regulados deberán aceptarla como método de autenticación. Esto significa que, para determinadas empresas, nada es voluntario. Y también para los ciudadanos normales, el patrón suele ser similar: al principio, algo es «voluntario», luego viene la presión social por parte de los empleadores, las empresas y los proveedores de servicios individuales, que hacen que su uso sea un requisito previo. A esto le siguen nuevas regulaciones para simplificar el proceso, que restringen cada vez más a los no usuarios. Después, se experimenta la coacción de facto: quien no participa, queda excluido de la vida social. Hasta llegar a la obligación formal, primero para determinados grupos profesionales o sectores, y luego para todos.

Lo que oficialmente y en un principio se presenta como «uso voluntario» siempre conlleva el riesgo, especialmente cuando el Estado tiene algo que ver, de convertirse poco a poco en un requisito del sistema. Incluso si la cartera se introduce inicialmente como una opción, debe quedar claro que, en algún momento, se convertirá en una infraestructura fija, en un estándar digital sobre el que se basarán en el futuro casi todos los procesos sociales, económicos y administrativos.

De «voluntario» a «obligatorio»: el viejo truco con un nuevo disfraz

Quienes no la utilicen, tarde o temprano perderán el acceso a áreas fundamentales de la vida: cuentas bancarias, servicios públicos, contratos, servicios sanitarios o movilidad y viajes. De este modo, el significado de la voluntariedad cambia: solo permanece en el papel, mientras que en la vida cotidiana se vuelve técnicamente irrelevante.

Si cada interfaz digital requiere una conexión con una cartera digital, renunciar a ella equivale a la exclusión social y económica. Ese es el mecanismo real que se esconde tras la promesa de la «voluntariedad» y, hay que reconocerlo, lo más pérfido del asunto: aunque ningún Estado te obligue directamente (por el momento), todo el sistema y toda la infraestructura construida sigilosamente, con todos sus usuarios que se van sumando poco a poco, hacen que las alternativas sean inviables. Y, una vez más, la pandemia del coronavirus nos ha demostrado cuánta resistencia y fuerza de voluntad se necesita para resistir estos desarrollos.

Debes tener claro que la «voluntariedad» en el contexto de la identificación digital no significa una verdadera libertad de decisión, sino que, como mucho, será un término transitorio para generar aceptación hasta que el sistema se convierta en la única alternativa. Una vez que la cartera EUDI se haya establecido como base de la participación social, existe el peligro real de que el individuo pierda la posibilidad de eludirla sin renunciar al mismo tiempo al acceso al mundo moderno.

¿La identificación digital como prototipo silencioso de un sistema de control centralista?

Veamos cuál puede ser el alcance concreto de una arquitectura digital centralizada de este tipo.

Cuando todos los datos convergen en un punto central (identidad, datos biométricos, salud, finanzas, viajes, comunicaciones), se crea una transparencia total del individuo. Cada movimiento, cada pago, cada inicio de sesión, cada visita al médico forma parte de un único perfil de datos completo. Sé consciente de lo que esto significa concretamente: todo será rastreable. Para las autoridades, para las empresas, para los algoritmos, para cualquiera que acceda a tus datos (de forma autorizada o no). Se crea algo que nunca antes había existido en esta forma: una transparencia completa y accesible en cualquier momento del individuo. Cada paso puede registrarse, almacenarse y, sobre todo, vincularse entre sí.

En caso de duda, no solo se crea un sistema que recopila datos, sino que también estructura el comportamiento. El control se convierte en una normalidad permanente y automatizada. Cada nuevo servicio de comodidad, cada función «inteligente», por muy pequeña que sea, que supuestamente te facilita la vida, añade otra capa a esta estructura.

El control ya no tiene que aplicarse de forma activa, sino que se registra en segundo plano, mientras tú crees que estás utilizando un sistema que te facilita la vida.

Por lo tanto, es un argumento especialmente ridículo que la introducción de una identificación digital vaya a conducir a una mayor protección de datos. La protección de datos clásica pierde por completo su sentido en una arquitectura de este tipo. Aunque todavía existen leyes que regulan quién puede tener acceso teórico a determinados datos, desde el punto de vista técnico, estos límites nunca existen, por supuesto. Los datos que se recopilan una vez forman parte de una red que se expande por sí misma, y cada conexión y cada enlace genera nuevos registros de datos. Y nuevos perfiles sobre ti. El principio de la autodeterminación informativa (es decir, la idea de que tú decides qué ocurre con tus datos) se convierte así en una auténtica farsa.

Otro problema, recordemos los sabios consejos de nuestros padres, es que «Internet nunca olvida». Y la infraestructura digital de tu identidad tampoco. Solo te darás cuenta del verdadero alcance de esta evolución cuando comprendas lo irreversible que es no solo que todos tus datos se almacenen de forma centralizada en algún lugar, sino también que, una vez establecido un sistema centralista de este tipo, todas las instituciones que se conectan a él no pueden separarse fácilmente. Cada integración, ya sea un banco, una aseguradora médica, un servicio de movilidad o una autoridad fronteriza, hace que el sistema sea más estable y, sobre todo, que no haya alternativas. Y con cada nueva integración, se vuelve más hermético. Por lo tanto, el principal problema no es necesariamente la introducción de la identificación digital, sino que, una vez implantada, es casi imposible revertirla.

E incluso si confías en tu gobierno actual: no olvidemos que los gobiernos cambian, pero los datos permanecen.

Un gobierno que dispone de datos de identidad centralizados, perfiles de movimiento y flujos de pago ya no necesita un poder ejecutivo para silenciar a los críticos potenciales. Basta con bloquear el acceso digital para eliminar todas las circunstancias de tu vida relacionadas con él. La infraestructura del control total no se crea cuando un poder autoritario la utiliza, sino que ya se está creando ahora, en nombre de la supuesta eficiencia y comodidad.

El resultado es una inversión total de las relaciones de poder entre los ciudadanos y el Estado. Quien controla la infraestructura (es decir, concretamente, el Estado) también controla los accesos y, por tanto, a las personas que los utilizan. Quien dispone de la identidad digital decide quién puede participar: en los procesos económicos, en los servicios públicos, en los viajes, en la comunicación. La privación de este acceso sustituye al castigo clásico. Sin cuenta, sin seguro, sin firma digital, sin billete, sin vida.

La UE aplica su poder sin necesidad de coacción sobre los ciudadanos

La verdadera «genialidad» de este sistema es que el control ya no se impone por la fuerza, sino que simplemente se legitima mediante la aceptación de los ciudadanos. Se vende como comodidad, eficiencia y seguridad. Lo tienes todo «en una aplicación» y pagas con tu libertad. Esta forma de control es tan ingeniosa porque no se percibe como tal. Se disfraza de progreso o de servicio. El ciudadano irreflexivo ya ni siquiera la acepta tácitamente, sino de forma activa, debido a su supuesta eficiencia. Porque es tan «práctica». Se acabó el tener que hacer colas en la oficina de atención al ciudadano. Se acabó el papeleo cuando se quiere reclamar las prestaciones del seguro. Aceptas la vigilancia porque promete «simplicidad». Y renuncias a tu privacidad porque te da pereza defenderla. En un mundo perfecto con un Estado mínimo, todo esto sería estupendo, pero no vivimos en él. Las posibilidades de abuso son enormes y, con todos los acontecimientos de los últimos años, debemos partir más bien de una distopía.

Así, la normalidad social está cambiando: de la libertad de poder decidir sobre tus propios datos y perfiles de movimiento al control.

La identificación digital no es más que una herramienta de una nueva estructura de gobernanza de la UE

Una que ha llevado a cabo el control moderno en el sentido más literal: no necesita coacción ni violencia, simplemente se aprovecha de la pereza y la ingenuidad de la gente. Funciona porque se integra a la perfección y sin mucho alboroto en la vida cotidiana. Así, la libertad no muere a causa de un gran cambio político, sino por la suma de pequeños «avances» técnicos. Y, en algún momento, se llega a un punto en el que nadie se da cuenta de que lo que se esperaba del supuesto progreso es, desde hace tiempo, la jaula de acero más sólida que se ha construido jamás.

¿Cómo puedes protegerte de la identificación digital europea y otros ataques a tu libertad?

Una vez que hayas comprendido lo que realmente significa la identificación digital, inevitablemente te preguntarás: ¿cómo puedo protegerme de ella? La respuesta sincera es: haciéndote más independiente.

En Librestado no creemos que tenga sentido intentar cambiar el Estado por medios directos como la política y democracia. El verdadero cambio solo puede venir de uno mismo. Cambia tus patrones de comportamiento y procura no necesitar al Estado o necesitarlo lo menos posible, diversifica e internacionaliza tu vida.

Si concentras toda tu existencia (ingresos, patrimonio, inversiones, lugar de residencia, ciudadanía) en un solo país, no vives libremente. Eres vulnerable al chantaje del gobierno en el poder.

La verdadera libertad significa lo contrario de la identificación digital, es decir, la descentralización de los aspectos de tu vida.

Protege tu libertad gracias a la Teoría de la banderas

Con la Teoría de la banderas (por si no lo sabías, en febrero haremos un seminario online de cinco sesiones sobre el tema), puedes distribuir los ámbitos de tu vida entre diferentes países de manera que ya no seas tan vulnerable desde el punto de vista legal, fiscal y económico. Registra tu empresa allí donde se fomente el espíritu empresarial. Tu residencia debe estar donde te traten como a una persona libre. Protege tu capital donde la propiedad aún tenga valor.

Tu identidad te pertenece a ti, no a un sistema que te concede «acceso» si te comportas como un buen ciudadano.

En Librestado hacemos un llamamiento regular a la responsabilidad individual. No dependas de un Estado. Descentraliza tu libertad. Posiciónate a nivel global para no convertirte en víctima de los acontecimientos políticos o digitales. Porque una cosa es segura: el control solo funciona donde te dejas controlar.

En concreto, esto significa abandonar la UE. Si (todavía) no físicamente, al menos a través de una residencia secundaria (un plan B) fuera de ella o, mejor aún, de una ciudadanía. Ten en cuenta que muchos otros países también se subirán al tren de la identificación digital. Pero estamos convencidos de que siempre habrá países que no lo hagan. En un futuro próximo, seguro que mostraremos opciones y haremos comparaciones.

No es necesario escapar por completo de la identificación digital; para muchos, eso no será posible. Pero al menos deberías crear un sistema paralelo que te permita tener cuentas y otras plataformas que no estén directamente vinculadas a la identificación digital.

En el mejor de los casos, tendrás la ciudadanía de un país pequeño y libre como Vanuatu, que no se interesa por lo que tienen o hacen sus decenas de miles de ciudadanos naturalizados fuera del país y que no introducirá la identificación digital en un futuro previsible, ya que la infraestructura local no lo permite. Allí, o en otros países adecuados, se crea una residencia sobre el papel que consiste en una dirección local, los documentos acreditativos correspondientes y un número de identificación fiscal, con los que se pueden verificar cuentas y plataformas en todo el mundo.

Quizás sigas teniendo tu pasaporte europeo (español, italiano, portugués o lo que sea) y una identificación digital, pero su potencial sancionador será irrelevante, ya que seguirás disponiendo de liquidez y libertad para viajar. Ya no estarás totalmente vendido a la UE.

La identificación digital es más una llamada de atención que un peligro para ti. Al menos por ahora. Te muestra lo importante que es replantearte ahora tus estructuras. Y esto a todos los niveles: fiscal, legal, digital y geográfico.

La libertad se consigue (o mantiene) organizándote adecuadamente, mucho más que mediante la protesta o resistencia a la autoridad. Y solo permanece en aquellos que están dispuestos a asumir su responsabilidad. Por eso, pasa a la acción ahora. Estaremos encantados de asesorarte si necesitas nuestro apoyo. Llevamos desde 2017 ayudando a las personas precisamente en eso: a conseguir más libertad en sus vidas.

¡Porque tu vida es tuya!

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