En las consultas a veces nos preguntan por las acciones al portador. Este tipo de acciones (quizás te has cruzado con su nombre en inglés, bearer shares) tienen una larga historia en el mundo offshore, pero actualmente están prácticamente extintas.

Esto no es de sorprender, pues las acciones al portador es algo que de siempre ha supuesto grandes problemas para las autoridades fiscales.

En la actualidad, usar acciones al portador te convierte automáticamente sospechoso de crímenes fiscales (algo parecido a lo que ocurre si inviertes en cripto). Es decir, si el fisco se entera de que estas en posesión de estas, te colocará inmediatamente bajo sospecha de ser un evasor de impuestos y empezará a investigarte.

Como siempre, la realidad es muy diferente. Puede haber muy buenos motivos para querer anonimizar tu estado de socio en empresas a través de acciones al portador, motivos que no tienen nada de ilegal y son perfectamente legítimos.

Pensemos, por ejemplo, en la entrada al mercado de una empresa o en la adquisición de inmuebles por parte de una personalidad conocida o en casos en los que por una cuestión estratégica se prefiera mantener en secreto quién está detrás de una sociedad o allí donde una persona no quiera que la gente a su alrededor (familiares, socio, competencia, enemigos o lo que sea) sepa de su patrimonio.

Entendiendo las acciones al portador?

Pero, ahora te preguntarás, ¿qué son en realidad las acciones al portador?

Las acciones al portador son participaciones en una sociadad totalmente normales que, sin embargo, no están registradas, es decir, los dueños no aparecen en ningún registro público.

Como los socios no están registrados en ningún lugar, la única forma de saber quién es el dueño, es a través de los certificados de propiedad, es decir, por la tenencia de las acciones al portador, acciones que no son más que un trozo de papel.

Tan pronto como se da el certificado de acciones al portador a otra persona, la sociedad cambia de dueño. Es decir, la empresa pertenece a quien físicamente posea las acciones correspondientes.

Por supuesto, esto hace que el robo sea el mayor peligro de esta forma de posesión de sociedades, es prioritario poner las acciones al portador a salvo de manos ajenas, pues perder la acción equivalía prácticamente a perder la empresa. En muy pocas ocasiones era posible reproducir las acciones.

A pesar de ello, no es extraño que antes las acciones al portador fueran tan populares:

Simplemente no había indicios de a quién pertenecía realmente la empresa, no había registro público en el que la empresa estuviera inscrita. La información no se encontraba en ningún banco de datos público ni privado.

Tampoco podías ir a ningún bufete ni agencia de registro de sociedades para que te diera información sobre los dueños de la empresa, ya que desde la creación de esta las acciones podían haber cambiado de manos.

El problema de las acciones al portador

Así, las bearer shares se convirtieron en el vehículo preferido para esconderse en cualquier parte del mundo. Eso siempre que los bancos participaran. Pues ya en ese entonces muchos bancos eran reacios a conceder cuentas a sociedades con acciones al portador móviles, que se pudieran transferir libremente en cualquier momento.

Era muy fácil encubrir el lavado de dinero y la financiación del terrorismo a través de estas estructuras. En la actualidad, se ha vuelto casi imposible (bueno, me atrevería a decir que totalmente imposible) obtener una cuenta bancaria para sociedad con acciones al portador móviles, es decir, con acciones que pueden cambiar libremente de propietario.

Sin embargo, todavía hoy se puede obtener cuentas bancarias para sociedades con acciones al portador inmóviles.

En este caso, el banco actúa como fiduciario y conserva las acciones al portador en sus cajas fuertes.

De esta forma, sí existe una entidad que conoce en todo momento al beneficiario económico, y en caso de presión por parte de las autoridades o si lo requiere alguno de los acuerdos de intercambio automático de información, deberá proporcionar información a las Haciendas pertinentes.

Esto es lo que hace que las acciones al portador hoy en día solo sean interesantes para algunos pocos casos especiales.

¿En dónde sigue habiendo sociedades con acciones al portador?

En cualquier caso, el abanico de jurisdicciones que ofrecen acciones al portador ha ido disminuyendo continuamente en los últimos años.

La OCDE y los países de alta presión fiscal han dado pasos para impedir en todo el mundo estas estructuras de anonimización que tanto les molestan, o al menos para regularlas de tal manera que en caso de duda pueda localizarse al propietario real de una sociedad.

De esta forma se ha llegado a la inmovilización de las acciones al portador, en la medida en que el banco que abre las cuentas de empresa las administra.

Hace un tiempo este tipo de acciones estaban ampliamente difundidas en Europa y eran muy populares.

Si llevas tiempo siguiendo el mundo offshore, seguro que te acuerdas de las SRO checas con acciones al portador, estructura que suspendieron en 2013?

Entretanto, casi no hay ningún país de Europa donde se emitan esas acciones. En determinadas condiciones todavía puede suceder que algunas sociedades ya existentes sigan operando con acciones al portador. Pero en muchos casos los socios se vieron forzados a cambiarse a acciones registradas, por ejemplo en Gran Bretaña, en donde desde mediados de 2015 las bearer shares fueron prohibidas.

También Luxemburgo y Suiza suprimieron las acciones al portador, que entretanto son despreciadas en toda la UE. En Bulgaria todavía puedes usarlas, aunque solo en su modalidad inmóvil.

Ya no quedan muchos países en donde las acciones al portador estén permitidas. Un caso es, por ejemplo, San Vicente y las Granadinas, en donde las acciones deben depositarse en un banco local.

Panamá también sigue permitiendo las acciones al portador inmóviles, pero les impone una retención en origen punitiva del 20% sobre el reparto de dividendos.

Por qué las acciones al portador siguen siendo atractivas en las Islas Marshall

Para acciones al portador verdaderamente anónimas y móviles solo queda una jurisdicción en todo el mundo. Se trata de las cada vez más populares Islas Marshall del Pacífico.

Allí las sociedades pueden fundarse con bearer shares no solo de forma relativamente económica, sino que la constitución se realiza bastante rápidamente y la administración es sencilla.

Una vez fundadas, las IBC de las Islas Marshall, que naturalmente están libres de impuestos, no exigen presentar informes anuales de ningún tipo ni llevar la contabilidad. Las acciones al portador son móviles y sin carga y pueden así cambiar de dueño en cualquier momento.

Se pueden obtener por unos 2.500 dólares, incluyendo las acciones al portador, por lo que son con razón una de las sociedades offshore clásicas más populares. Esto también tiene que ver con que el archipiélago no se deja dar órdenes por la mafia global de los países de alta presión fiscal.

Al ser una isla pequeña, pero relativamente rica, no se deja chantajear fácilmente. Esto también se debe al protectorado de Estados Unidos que, como Estado asociado, influye en gran medida sobre la política exterior y de defensa de este Estado insular y concede una enorme ayuda al desarrollo.

Sin duda, incluso sin las acciones al portador móviles (recuerda que tampoco con una sociedad en Islas Marshall podrás abrir cuentas bancarias), las Islas Marshall pueden ser atractivas, porque con las sociedades de allí es posible abrir buenas cuentas de empresa y el anonimato se mantiene, ya que el registro tampoco es público en el caso de las acciones nominativas.

Eso sí, sigue siendo una jurisdicción offshore y, por lo tanto, la reputación de las sociedades allí no es especialmente buena.

Entonces, ¿todavía tiene sentido usar acciones al portador?

Como ya decíamos, en la mayor parte de países no existe ya la posibilidad de constituir empresas con acciones al portador móviles, e incluso es prácticamente imposible abrir una cuenta bancaria para una IBC de las Islas Marshall con bearer shares móviles.

Esto podría llegar a ser posible después de años de relaciones comerciales privadas con determinados bancos o bien en países de muy dudosa reputación, pero en cualquier caso no deberías contar con ello.

Como decíamos, tienes más probabilidades de poder abrir cuentas inmovilizando las bearer shares, usando los bancos actuando como fiduciarios.

Las IBC en las Islas Marshall con bearer shares pueden tener mucho más sentido si no se necesitan los bancos. Si se trata solo de protección ante litigios en forma de una sociedad a prueba de bombas o si se realizan transacciones con criptomonedas (en este caso la identificación en los exchanges suponen por supuesto un problema) o si solo se trata de tenencia de activos (para los que no precisen bancos, caso de inmuebles quizás).

Como ves, las acciones al portador ya no son tan atractivas como en el pasado y han perdido buena parte de las ventajas que tenían antes, pero en algunos casos pueden seguir siendo útiles.

Al contrario de lo que ocurre con las estructuras que buscan la anonimidad apoyándose en testaferros, en estas sigues teniendo todo el poder y hay mucha menos burocracia o costes.

En el peor de los casos, las acciones al portador se pueden simplemente romper o quemar cuando ya no se quiere ser propietario de una sociedad. O bien se las podemos regalar a alguien de confianza.

Es prácticamente imposible identificar a los propietarios de acciones al portador móviles.

Si bien las posibilidades de uso de este tipo de acciones están muy limitadas, puede tener sentido en casos individuales. Si es necesario, en Librestado podemos naturalmente ponerte en contacto con agencias asociadas para el registro o estudiar en una consulta si tiene sentido en tu caso.

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