Algunos de nosotros ya llevamos mucho tiempo poniendo en duda que lo que nos ofrecen los Estados, que lo que la mayoría hace y da por bueno, sea realmente lo mejor. En este sentido, hoy queremos hablar de la opción de la desescolarización. Este artículo es un llamamiento con el que queremos invitarte a pensar de forma diferente a como han tratado de imponernos durante tantos años.

No existe lo «correcto» ni lo «incorrecto», sino lo mejor para cada individuo. La solución más cómoda y popular no suele ser la mejor.

Por desgracia, esto no es nada nuevo

¿Alguna vez has hablado con alguien y le has preguntado si lo que aprendió en la escuela era bueno, práctico o necesario? Con esta pregunta tan sencilla lo vas a dejar sin palabras.

¿Qué cosas de la escuela recuerda la gente positivamente? Tal vez uno o dos amigos simpáticos, o un par de profesores favoritos… pero, ¿qué hay de los contenidos, la estructura, el método o la duración? Rara vez encontrarás palabras positivas al respecto.

Siendo sinceros, nadie podría decir que la escuela merezca la pena, que gracias a ella se hayan convertido en mejores personas, «más inteligentes» ni «más cultas».

Tenemos clarísimo que la escuela «no merece la pena», pero nadie se atreve a decirlo, a buscar alternativas o a romper el círculo vicioso. La escolarización es como todo lo que hace el Estado, un enorme derroche de tiempo y dinero.

Por desgracia, vivimos en una sociedad en la que «ir a la escuela» no tiene alternativa —sobre todo por que es obligatorio, igual que los impuestos que tu gobierno te hace pagar—. Es más fácil hacer lo que resulta familiar y socialmente aceptado, lo que «todo el mundo hace»: mis padres fueron a la escuela, mis abuelos fueron a la escuela… por lo tanto, si no seguimos yendo a la escuela, el mundo no podrá funcionar.

El Estado sigue intentando blanquear la narrativa con respecto a la escuela al decir al pueblo que trae la educación a todos sus hijos, cual dios omnipotente, y lo vende como un DERECHO. La educación, la sanidad, la vivienda, etc. no son derechos naturales, sino servicios —por muy consagrados que se encuentren en las constituciones—. Alguien tiene que pagar por ellos y alguien tiene que trabajar por ellos. Los derechos nunca consisten en que terceros te sirvan o creen valor añadido para ti: eso se llama servicio y tiene un precio (mucho mayor cuando el que te lo ofrece es el Estado que cuando lo hace una empresa privada). Un derecho, en cambio, es innato por definición. Por eso queremos hacer especial hincapié en la distinción entre derechos y servicios: mientras que los derechos son inherentes, los servicios deben prestarse y pagarse.

Los auténticos problemas

Es importante comprender lo que realmente necesitamos saber y aprender para ser personas libres y exitosas en el mundo.

¿El ciclo del nitrógeno? ¿Ecuaciones de decimoquinto grado y sus integrales? ¿La aceleración de la gravedad en Venus y la masa de los anillos de Saturno? ¿El color de los pantalones de Napoleón Bonaparte? ¿El lago ubicado entre Wyoming, Nevada y Oregón? ¿Cuántas cavidades tiene una mitocondria? ¿Los nombres de los animales en latín? ¿Organismos pluricelulares eucariotas del reino vegetal? ¿La meteorización química y física de las rocas? ¿Lecturas obligatorias de autores seleccionados por el Estado?

Esto no es más que una forma de freír, quemar y castigar las neuronas de los niños, y un método para quebrar su fuerza de voluntad; cuyo resultado —una calificación fija y estandarizada— no deja de representar el juicio de la propia personalidad del niño: excelente, buena, media, mala o mediocre. Esto no hace sino agravarse cuando entran en juego las comparaciones con los «compañeros de clase», que solo resultan en competencia, distanciamiento y acoso.

Todo esto puede investigarse en profundidad si te interesa, y representa un alto grado de desconexión de la realidad.

Más aún ahora que tenemos a nuestro alcance potentes herramientas que nos facilitan enormemente la vida para que podamos dedicar más tiempo al autocuidado y a sembrar nuestra propia felicidad, en lugar de sabernos toda la tabla periódica o todos los números primos, o de utilizar la capacidad plena de nuestro cerebro para memorizarlo datos inútiles a la fuerza y olvidarlos a los dos días.

Fíjate que algunos padres son de la opinión que, si un niño tiene curiosidad e interés natural por un tema (algo innato en todo ser humano sano), lo querrá estudiar y se llenará de conocimiento sin necesidad ninguna de obligarlo.

«Vale, dirás, pero, ¿qué pasa con el contacto y la socialización que se hacen en el colegio?»

Amigos de la escuela

¿Qué es una amistad?

Dos (o más) personas que se reúnen para realizar «juntas» una determinada actividad basada en un interés común de ambas partes y cuya interacción mutua fomenta el bienestar, la seguridad, la diversión, la comodidad y el confort de ambos.

Los amigos que se tienen en la escuela «pueden» encajar en la descripción anterior, pero lo que normalmente tienen en común es que comparten contigo edad y ubicación/vecindario/lugar de residencia… ¡y nada más! Eso por sí solo no debería ni llamarse amistad. Es algo forzado, como todo lo que hace el Estado al arrinconar la vida de la gente contra la pared: todo son circunstancias forzosas que debes aceptar sin oposición posible.

El problema es que siempre se ha hecho hincapié en el colectivo y no en el individuo. En primer lugar, se agrupa a los niños según su año de nacimiento, lo cual en sí ya es un error —aunque solo sea porque los niños nacidos en enero de un año concreto son muy diferentes a los nacidos en diciembre del mismo año—. Algunos niños se desarrollan más rápido que otros, algunos tardan un poco más y/o a veces no llegan a desarrollarse igual que los demás, algunos se desarrollan mejor en un entorno determinado, etc. El problema es que estos hechos se convierten en «déficits» y «debilidades» de los niños a ojos del sistema.

La socialización es absolutamente crucial y necesaria. Meter a los niños en una misma sala únicamente porque tienen la misma edad y viven en el mismo barrio, y obligarles a interactuar entre ellos no es la mejor manera de desarrollar sus habilidades sociales.

Estar rodeado de niños es cualquier cosa salvo «¡Qué bien! Mira qué suerte: un montón de amiguitos para que juegues», cuando el niño se está sintiendo completamente aislado, fuera de lugar y en el lugar equivocado. En realidad, la escolarización forzosa, la rutina impuesta, las asignaturas irrelevantes obligatorias y las amistades forzadas solo conducen al estrés, el abandono, los conflictos, la presión de los compañeros, la marginación, el acoso, la disminución de la autoestima, la evasión en el mundo digital, etc.

El niño no conoce a «otros niños» y no se da cuenta de que no necesariamente tiene que entablar amistad con sus compañeros del colegio, así que intenta encajar en el modelo para se aceptado por su entorno. El miedo al rechazo empieza ya a estas tiernas edades, porque esas amistades no se basan en un interés común, y el niño puede llevar consigo este modus operandi el resto de su vida.

Normalmente, el niño tendrá siempre contacto con el «mismo grupo de personas»: padres, abuelos, tíos y primos, los mismos compañeros de clase, los mismos profesores… todo inmutable. El contacto con personas diferentes y con niños de edades diferentes es mucho más enriquecedor que el contacto constante con las mismas personas. Los niños se inspiran en los mayores y animan a los pequeños a desarrollarse sirviendo de ejemplo. Los niños de la misma edad suelen competir entre sí, lo que provoca comportamientos poco saludables y ataques a la personalidad y la autoestima. Los prejuicios y los traumas se minimizan o incluso se resuelven cuando se producen intercambios equilibrados y enriquecedores.

Permanecer en un mismo círculo familiar (la zona de confort) siempre será un obstáculo para el pleno desarrollo, porque todo está cimentado en el miedo, la ansiedad, el rechazo, el estrés o el pánico a lo desconocido —como si todo lo desconocido fuera automáticamente malo—. Los mitos siempre los propagan personas que no tienen ningún conocimiento sobre un tema concreto, porque se les ha enseñado desde niños a tener miedo a lo «desconocido» y a lo «diferente». Lo desconocido solo permanece como tal mientras no resulta familiar.

Incluso la inteligencia de los niños se pone a prueba cuando se dan cuenta, por ejemplo, de cómo tienen que tratar a los demás para conseguir lo que quieren y de cómo tienen que comportarse. Cuando tienen encuentros diversos con personas diferentes, se ven forzados a aprender una y otra vez a interpretar los nuevos lenguajes y comportamientos de los demás, y ESO es lo que enriquece realmente sus habilidades sociales.

¿Necesita los niños ir a la escuela?

Analicemos algunas habilidades y competencias «necesarias» para un niño:

  • Habilidades motrices (andar, correr, saltar, brincar, ponerse de cuclillas) y equilibrio corporal
  • Concepción del espacio y el tiempo, y su gestión
  • Percepción corporal
  • Alfabetización (lectura, escritura e interpretación de textos)
  • Dominio de la relación entre letras y sonidos
  • Conciencia fonológica
  • Identificación de objetos, colores e imágenes
  • Memoria
  • Habilidades numéricas
  • Habilidades sociales (interactuar, respetar, compartir, escuchar, cooperar, comprender y negociar)

No están incluidas en el programa escolar y no pueden fomentarse ni imponerse, pero son sumamente importantes para el desarrollo del niño:

Autoconciencia y autodesarrollo:

  • Conciencia y percepción
  • Intención tras la acción personal
  • Intuición como guía y señal
  • Autocontrol en situaciones complicadas
  • Conciencia de la propia personalidad
  • Autoconciencia y autoconfianza en la expresión
  • Responsabilidad personal
  • Cuidado del cuerpo como expresión de autoestima
  • Meditación y control emocional
  • Mindfulness

Habilidades interpersonales e inteligencia social:

  • Empatía en las relaciones interpersonales
  • Respeto por uno mismo y por los demás como valor fundamental
  • Habilidades de negociación en las interacciones
  • Capacidad de análisis sobre cómo piensan las personas y qué las motiva, por qué hacen lo que hacen y qué las caracteriza
  • Comunicación y sus articulaciones, formas y gestos
  • Comprensión del lenguaje corporal
  • Inteligencia social frente a la diversidad
  • Respeto por las diferencias

Resolución de problemas y pensamiento crítico:

  • Enfoques lógicos, metódicos, prácticos y pragmáticos
  • Estrategias de resolución de conflictos
  • Capacidad de juicio
  • Pensamiento crítico
  • Autonomía en la resolución de problemas
  • Comprensión de los conceptos de causa y efecto directo e indirecto

Inteligencia emocional y autogestión:

  • Gestión del estrés
  • Reconocimiento y superación de los miedos
  • Establecimiento de límites saludables
  • Habilidades de autodefensa
  • Autoprotección y seguridad
  • Resiliencia y antifragilidad
  • Mecanismos psicológicos de defensa, así como su significado y aplicación
  • Reconocimiento y enfrentamiento de traumas y efectos traumáticos

Estilo de vida y crecimiento personal:

  • Creación de valor y buena disposición
  • Prácticas de autocuidado
  • Conciencia del peligro
  • Comprensión de los distintos contextos
  • Comprensión de los diferentes motivos
  • Deseos (o ausencia de deseos) genuinos frente al deber y la obligación
  • Desencadenantes internos y mecanismos de autocontrol
  • Alegría por el descubrimiento y afán explorador
  • Descubrimiento y persecución de intereses, aficiones, y pasiones genuinas
  • Explotación y fomento del talento
  • Observación y curiosidad como motores del conocimiento
  • Honestidad como principio
  • Asunción de la responsabilidad por el cuerpo, la mente y el prójimo
  • Independencia en el día a día
  • Reconocimiento y aprovechamiento de los puntos fuertes propios
  • Nutrición, salud y bienestar
  • Construcción de hábitos de vida saludables
  • Conciencia relativa a la movilidad y la ergonomía
  • Creatividad como fuente de innovación

Planificación para el futuro y competencias estratégicas

  • Conocimientos financieros y previsión para el futuro
  • Pensamiento y planificación estratégicas
  • Pensamiento a corto, medio y largo plazo
  • Capacidad de priorizar el estilo de vida propio
  • Iniciativa personal

Perspectivas sociales y culturales:

  • Interacción de las personas en los ámbitos social, cultural, económico y político
  • Innovación, invención y reinvención
  • Sentimiento de pertenencia a uno mismo más allá de las expectativas sociales

¡Se trata de estimular y tratar a cada niño a nivel individual para encontrar el mejor método de enseñanza y aprendizaje!

El problema es que la escuela es «comunidad» y «colectivo» (conceptos típicos de la cultura del Estado), adoctrinamiento, formación, estandarización, rutina impuesta (para ser un buen contribuyente el día de mañana), castigo, «bien frente a mal» y «así es la vida: todo el mundo lo hace así, así que no te atrevas a ser diferente». Al sistema escolar no le interesa la individualidad, el ritmo y la velocidad de cada niño, las diferencias y necesidades de los alumnos, el enriquecimiento cultural y social, la creatividad, el pensar de forma poco convencional ni el hacer las cosas «de forma diferente».

Por eso la escuela enseña lo «básico» y «superficial», pero no lo «profundo». Los esfuerzos nunca se dirigen al niño, sino a «qué es más fácil y conveniente».

En otras palabras, el niño no «necesita» la escuela, ya que puede adquirir mejor estas habilidades y competencias fuera de las instituciones sin las desventajas que conlleva la escuela tal y como está concebida a día de hoy.

El concepto de escuela de hoy en día se debe a que muchos padres —la inmensa mayoría, de hecho— tienen que trabajar por las mañanas y necesitan dejar a sus hijos con alguien para que no estén solos; y «dejar al niño en la escuela» les sigue dando la sensación de «hacer lo correcto por mi hijo», en lugar de dejarle en cama hasta tarde o permitirle pasar la mañana frente a la tele (porque desgraciadamente, cuando un niño no va a la escuela, se dramatiza todo y se le tacha automáticamente de vago).

¿Y si tu hijo es un skater profesional al que el colegio reprime? ¿Y si tu hijo realmente querría abrir una peluquería o hacer senderismo por parques nacionales? ¿Tendrá que sufrir la represión del sistema escolar durante toda su infancia? Cuanto antes le libres de esa carga, mejor.

No te confundas: no estamos en contra de la educación, sino todo lo contrario. Si alguien aquí está a favor de la educación, somos nosotros, pero la educación es una cosa muy distinta de la enseñanza obligatoria impuesta por el Estado sin alternativa posible ni espacio para la oposición, contrapropuesta o aportación. Tampoco estamos directamente en contra de las escuelas, sino de las leyes actuales por las que lamentablemente deben regirse las instituciones educativas.

El mal necesario

Es difícil entender por qué la desescolarización (o educación libre) no está globalmente aceptada, y por qué tanta gente no está de acuerdo con ello sin siquiera saber lo que es en realidad.

Antes de entrar en los beneficios de la educación libre, nos gustaría señalar que el actual modelo escolar NO ES BUENO y reporta MUCHOS MÁS PROBLEMAS que BENEFICIOS. Por tanto, cualquier otro modelo que sea mejor que el actual debe considerarse un triunfo.

En segundo lugar, esto del papeleo, los títulos y los diplomas está completamente alejado de la realidad. Nuestra creadora de contenidos Juliana estudió ingeniería de producción durante años y, sinceramente, los años que pasó hincando los codos y quemándose los sesos los considera completamente desperdiciados. Y todo para conseguir un trabajo y pagar impuestos, porque sin un inútil pedazo de papel llamado diploma ni siquiera habría tenido acceso a unas prácticas o a un puesto laboral fijo.

Juliana defiende que pasamos más de una década de nuestra vida vegetando en las escuelas, malgastando nuestro tiempo y socavando nuestro potencial, lo que nos impide crecer de la forma más conveniente y óptima.

En otras palabras, la escuela no es sino un mal necesario. Sin el bachillerato, Juliana no habría podido ir a la universidad y no habría conseguido un trabajo. Qué alivio, ¿verdad?

Por suerte para nosotros, esta absurda obsesión por los certificados y los títulos está cambiando drásticamente, gracias a que internet ya permite alcanzar la independencia financiera, temporal y geográfica; y a que la automatización está sustituyendo muchos tipos de trabajos. La información que antes se guardaba bajo llave, a la que muy pocos tenían acceso y para la que se debían pagar cuantiosas sumas de dinero —siendo los préstamos estudiantiles lo más habitual en ciertos países—, ahora resulta accesible para todos con unos pocos clics o incluso desde el teléfono que guardamos en el bolsillo.

Hoy en día hay muchas más personas que ganan dinero de formas alternativas, con métodos mucho más fáciles y flexibles que el típico trabajo de 9 a 5. Hoy en día se hace mucho más hincapié en la experiencia, el don de gentes, la resolución de problemas, la productividad y la iniciativa. Importa mucho más «estar en el lugar adecuado en el momento adecuado» y «conocer a la gente indicada» que tener un trozo de papel enmarcado en la pared con tu nombre.

La verdad es que no necesitas ninguno de los requisitos socialmente aceptados para tener éxito, ser feliz y convertirte en una buena persona.

En otras palabras, ese «mal necesario» deja de ser realmente «necesario», y se queda sencillamente como «un mal» a secas.

Vayamos ahora a ese «mal» que es la escuela y/o el sistema educativo.

La escuela y la universidad están «muy bien valoradas» por la falta de elección. Esto es así.

Si no existiera la obligación de enviar a los niños a la escuela y coexistieran distintas formas de educarlos que fueran más satisfactorias e incluso divertidas, ¿quién iría a la escuela tal y como la conocemos hoy en día?

Recuerda, si hay algo que requiere ser impuesto —especialmente bajo amenaza de multas o de la privación de la libertad y violación de la propiedad privada—, existe una probabilidad del 99,999999999999 % (por no decir 100 %) de que ese algo NO sea bueno. Si ese algo fuera realmente BUENO y todo el mundo viera valor en ello como BUENO sin amenazas ni coacciones, no existiría la necesidad de imponerlo por la fuerza.

Juliana siempre pregunta a los padres: ¿queréis que vuestros hijos sean buenas personas seguras de sí mismas o personas reprimidas a las que se les obliga constantemente a hacer cosas que a lo mejor les dan completamente igual, que siguen la mentalidad del rebaño y obedecen a maestros para memorizar datos, aprobar exámenes y así mantener la imagen de «buen alumno obediente que no da problemas ni dolores de cabeza»?

¿Dónde se aprende más y mejor?

  • ¿A lo largo de X años sentado en una silla, leyendo libros y diapositivas o copiado la teoría de la pizarra de forma completamente vacía?

o

  • ¿A lo largo de X años participando en innumerables proyectos, viviendo cada día sobre el terreno, adquiriendo experiencia de campo, probando contextos nuevos y aplicando la teoría en la práctica, profundizando y aprendiendo de la experiencia, tratando con situaciones reales, interactuando con expertos en la materia y saliendo al exterior?

No se aprende a nadar leyendo la teoría en un libro: hay que meterse en la piscina y empezar a bracear.

Por eso estamos a favor de la desescolarización.

El potencial de la desescolarización para el crecimiento personal y las habilidades sociales

El homeschooling y la desescolarización son dos enfoques educativos que difieren en su estructura, enfoque e impartición; aunque ambos tienen lugar fuera de los sistemas educativos tradicionales. El homeschooling suele seguir un plan de estudios o unos estándares educativos que pueden ser similares a los de la escuela pública o privada. Los padres o tutores escogen o crean planes de estudios que cumplan los requisitos educativos del país o región a la que pertenecen.

En muchos casos, el homeschooling implica realizar evaluaciones o exámenes periódicos para medir el progreso de los alumnos y garantizar que «cumplen las normas educativas». El objetivo suele ser proporcionar a los alumnos una educación integral en casa que sea equivalente o complementaria a los métodos docentes tradicionales.

La desescolarización, sin embargo, se caracteriza por un alto grado de flexibilidad y falta de estructura. No existe un plan de estudios establecido, sino que el proceso de aprendizaje sigue los intereses y la curiosidad del alumno. Por regla general, la desescolarización prescinde de los métodos tradicionales de evaluación, como los exámenes o las calificaciones. El progreso se mide por el desarrollo personal, las destrezas logradas y los conocimientos adquiridos; en lugar de por un sistema de puntuación estandarizado.

Los padres o tutores actúan más como mediadores o mentores, y proporcionan recursos y apoyo en lugar de enseñar directamente. Fomentan la independencia e iniciativa del alumno. El principal objetivo de la desescolarización es promover la asimilación de lo aprendido, la automotivación y la autodeterminación. Enfatiza el aprendizaje como un proceso natural y estimulante, estrechamente vinculado a los intereses y necesidades personales del alumno.

El homeschooling ya es mucho mejor que el modelo actual de por sí, aunque a veces se encuentre completamente restringido por los países de residencia. La desescolarización sigue un enfoque muy individualizado y basado en los intereses del niño, lo que hace hincapié en la iniciativa personal y capacidad de autodeterminación.

Las habilidades y competencias mencionadas pueden combinarse perfectamente mediante la desescolarización.

Animamos a todas las familias a participar activa y conscientemente en el proceso educativo de sus hijos. Participar activamente no significa enviarlos al colegio creyendo que es todo cuanto el niño necesita, sino más bien fomentar un entorno de aprendizaje continuo y estimular la curiosidad del pequeño.

Hay que reconocer que la educación no solo tiene lugar dentro de las aulas, sino que todas las áreas de la vida ofrecen un sinfín de oportunidades de aprendizaje. Creemos firmemente que cada niño es único y que la educación debe ser lo suficientemente flexible como para apoyar y fomentar esta singularidad. Mediante la desescolarización podemos crear un entorno educativo que ponga el acento en la creatividad, el pensamiento crítico y el amor por el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

La desescolarización depende de la personalidad y el empuje del niño, y eso es bueno, porque elimina la dualidad maniquea de correcto frente a incorrecto: el niño debe ser libre de desarrollarse en la dirección que más le interese, sin represión por parte de ninguna institución. La desescolarización ofrece muchas oportunidades para afrontar retos y aprender de los errores, lo que contribuye al desarrollo de la resiliencia.

Sin embargo, también requiere mucha flexibilidad y cooperación por parte de los padres, quienes no se conforman con gestionar la vida familiar y la relación con sus hijos de la forma más conveniente, sino que además desean participar activamente en su sano desarrollo.

Pasemos ahora a hablar de los mitos de la desescolarización

La desescolarización nace de la incapacidad de ajustarse a los sistemas educativos tradicionales.

No llevar a tus hijos a la escuela es una elección consciente basada en la creencia de que la enseñanza autodirigida (o al menos adaptada al niño) es más eficaz y satisfactoria, no en la incapacidad de adaptarse. Personalmente, no queremos que nuestros hijos tengan que adaptarse a un sistema desfasado que no funciona.

La desescolarización es una vía de escape de los aspectos duros de la realidad y los retos de la vida

La desescolarización prepara a los alumnos para la vida con un enfoque práctico, autodeterminación y capacidad de buscar y procesar información, porque ahora más que nunca, TODO —absolutamente TODO— se puede aprender de forma autónoma por internet.

La desescolarización es una forma aislada de educación sin el apoyo comunitario de compañeros.

Los que dicen esto no se han dado cuenta de que el contacto social es sumamente importante en la desescolarización —y, como explicamos antes, no solo el contacto con personas conocidas de dentro de la zona de confort o de la misma edad del niño—.

Si un niño se aísla, no será culpa de la desescolarización, ¡será culpa de los padres, que no han hecho lo suficiente por darle una educación de calidad que incluya suficiente contacto con otras personas!

La desescolarización es menos exigente que la educación tradicional.

La desescolarización puede ser muy exigente, ya que los alumnos profundizan en temas que les interesan y llevan a cabo complejos proyectos e investigaciones por su cuenta. Piensa, por ejemplo, en las personas a las que les encantan los proyectos de manualidades: están sumamente comprometidas con sus proyectos, y utilizan las herramientas adecuadas para explotar su creatividad FUERA DE LA ESCUELA. En realidad, la vida real tiene mucho que ofrecer más allá de los muros de la escuela.

La desescolarización significa que los niños juegan todo el día y no aprenden nada serio.

Los niños solo disfrutan cuando juegan y punto. Es como el azúcar para ellos: nadie tiene que obligar a un niño a jugar, ¿verdad? Por el contrario, es difícil conseguir que se vayan a la cama o que coman de buena gana y se laven los dientes cuando lo único que quieren es jugar. ¿Quién dice que no se pueden aprender conocimientos y destrezas de la forma tan agradable y estimulante en que se sienten cuando juegan? ¿Y cómo puede gustarles aprender así? ¡Porque no hay que imponérselo! El juego es una forma importante de aprendizaje que fomenta el pensamiento crítico, la creatividad y la capacidad de resolver problemas. Los niños que disfrutan de una enseñanza libre se dedican a proyectos e intereses serios y aprenden jugando.

La desescolarización impide el desarrollo de la disciplina y la responsabilidad

No ir a la escuela fomenta la automotivación y la responsabilidad personal, ya que los alumnos establecen y persiguen sus propios objetivos y metas. La desescolarización tiene mucho de disciplina; una disciplina basada en motivaciones instintivas más que en imposiciones externas. Las obligaciones externas forman parte de la vida, sí, pero no lo son todo. El problema de la educación normativa es que para las instituciones solo existen las obligaciones impuestas.

La desescolarización conduce a lagunas en distintos campos del conocimiento y a una educación incompleta.

Tener «lagunas de conocimiento» en materias irrelevantes e inútiles parece más una ventaja que un problema. Aunque quienes reciben una educación libre no utilicen el mismo plan de estudios que los alumnos de las escuelas tradicionales, suelen adquirir conocimientos profundos en las áreas que les interesan y aprenden a buscar información por su cuenta.

Los alumnos desescolarizados nunca hacen pruebas de nivel ni exámenes y, por tanto, no se puede evaluar su nivel de conocimientos.

¿Evaluar para qué? ¿Con qué fin? Dinos qué te ha aportado todo lo que has aprendido en la escuela, todas las notas que has recibido a lo largo de tu vida. ¿Honestamente sientes que te han beneficiado de alguna manera? Los exámenes solo existen para estandarizar a los niños y cortarles las alas para que no puedan volar ni desarrollar su potencial particular.

¿De qué te sirve obtener una buena nota porque has memorizado todos los contenidos a marchas forzadas en lugar de «aprenderlos» y «comprenderlos»? ¿Y para qué te vale el contenido memorizado si no eres capaz de aplicarlo? Con la desescolarización, la vida, las necesidades y los intereses de tu hijo se convierten en los «exámenes» y «evaluaciones» de las lecciones aprendidas.

Los padres deben ser expertos en todas las materias para que la desescolarización funcione.

Ante todo, los padres deben querer que el aprendizaje funcione y sea realmente útil: deben desear hacerlo realidad. Nadie tiene que ser un súper dotado para enseñar a sus hijos, porque no se tratan temas complejos durante la enseñanza libre. En su lugar, el niño aprende las lecciones según sus intereses y necesidades. Los padres deben ofrecer a sus hijos espacio y flexibilidad, motivación y aprecio, proporcionarles las oportunidades, posibilidades y materiales necesarios y seguir mostrándoles que tienen el poder en sus manos para ser y hacer lo que les interesa con alegría e ilusión.

Y si el niño realmente quiere aprender a calcular la masa de los anillos de Saturno, seguro que los padres encuentran la manera de enseñárselo o pueden encontrar a alguien que lo haga por ellos.

Los alumnos desescolarizados tienen dificultades para entrar en el mundo laboral.

En realidad es todo lo contrario. Quienes se han beneficiado de una educación libre suelen desarrollar habilidades únicas, automotivación y adaptabilidad; cualidades todas ellas muy valoradas por los empresarios. Esto se debe a que probablemente saben desde niños lo que quieren y lo que les gusta, y eligen su trabajo con determinación y no para complacer a la sociedad o con la vista puesta al día de paga. Saben establecer límites sanos para que nadie los explote en el trabajo ni les haga sentirse inferiores —cosa que los niños no aprenden en la escuela—. Al niño se le obliga a jugar con sus compañeros, independientemente de si son buenos con él y para él o no. Además, se le enseña que lo que importa es su capacidad de conformarse con lo que hay, de aceptar las reglas y obedecer, de creerse todo lo que le cuentan y no discutirlo. Esto, unido a la importancia que se le da en la escuela a crear un “entorno en el que nadie se sienta ofendido” y a que lo que cuenta es esforzarse, no el resultado, crea un mezcla terrible que termina por alejar totalmente a los estudiantes de la vida real y de lo que es el mundo laboral, donde lo que prima es crear valor para otros (ya sean estos clientes o empleadores).

La desescolarización implica que los padres tienen que enseñar a su hijo todo el tiempo.

Quien salga con este tipo de afirmación tampoco ha entendido lo que significa realmente la enseñanza libre: los padres son mentores o mediadores, no profesores. La autonomía para aprender viene del niño —es decir el plan de estudios curricular no lo confeccionan los padres—. Aunque los padres desempeñan un papel de apoyo en la educación libre del niño, el énfasis se pone en el aprendizaje autodirigido, para el que los padres proporcionan recursos y facilitan oportunidades de aprendizaje.

Los alumnos desescolarizados están socialmente aislados y no tienen amigos.

Esto ya lo hemos explicado: los niños que no acuden al colegio suelen tener la oportunidad de interactuar con una comunidad más amplia y diversa que los que estudian en la escuela. Esta comunidad incluye a compañeros, adultos y expertos, lo que da lugar a experiencias sociales más enriquecedoras. Si un niño se aísla, no será culpa de la desescolarización, sino de los padres, que no se estarán esforzando lo suficiente para generar estas interacciones sociales tan necesarias.

Los alumnos desescolarizados no pueden acceder a la enseñanza superior formal ni estudiar en la universidad.

Muchos estudiantes que no han estado escolarizados participan con éxito en la enseñanza superior tras aprobar exámenes de acceso, al asistir a colegios comunitarios o al crear carpetas de trabajos con las que ser admitidos en las universidades. Pueden obtener cualificaciones y certificados formales mediante exámenes, cursos online y demás vías educativas. Es decir, encontrarán una forma creativa de alcanzar sus metas, porque ese es un talento que se aprende y se domina mucho mejor a través de la enseñanza libre. Una cosa interesante de ver (y en mi opinión muy positiva) es que entre los unschoolers y homeschoolers (personas que no han seguido una enseñanza tradicional) son muchos los que prefieren seguir un camino emprendedor y crear sus propias empresas o proyectos en lugar de seguir un camino académico.

La desescolarización requiere que la familia tenga unos ingresos elevados

La educación oficial es cara porque el Estado la hace cara con sus normativas y demás. ¿Te has parado alguna vez a pensar en lo barato que es aprender cualquier cosa a través de cursos o tutores online?, ¿o incluso acudiendo a maestros o tutores particulares? En general, la única pieza fundamental es acceso a internet. Si los padres están realmente comprometidos, pueden ofrecer a su hijo una educación libre completa y de calidad incluso con «muy poco». Solo es cuestión de dedicarle algo de tiempo.

¿Cuántos niños recurren durante su adolescencia a sustancias tóxicas, malas compañías y actitudes rebeldes para compensar el estrés que sienten o para llamar la atención de sus padres?

Piénsalo un poco: al fin y al cabo, es un niño, ¿no? No trabaja, se dedica simplemente a estudiar, no tiene que hacerse cargo de los gastos de la casa, no tiene hijos, no tiene trabajo… ¿cómo puede tener tanto estrés? Efectivamente: la fuente de tanto estrés es la escuela (o algún aspecto relacionado con la escuela). La diferencia es que los niños no saben cómo gestionar tanto estrés y problemas porque aún están madurando y aprendiendo.

Hoy en día, hay mucha más concienciación al respecto de los problemas psicológicos, y fíjate que TODOS empiezan en la infancia. ¿Y qué experimenta un niño en la infancia además del ambiente familiar en casa? Exacto, la escuela.

Ahora, si quieres que te ayudemos a vivir una vida más libre y acorde a tus ideales, puedes contratar nuestro servicio de consultoría., por supuesto, estaremos encantados de hablarte también del mundo de la desescolarización y cómo dar a tus hijos esta increíble oportunidad.

——

¿Te ha gustado este artículo? En caso de que necesites nuestra ayuda o quieras apoyarnos, puedes adquirir aquí nuestros productos o servicios.