Nuestro último artículo trataba sobre los muchos impuestos que existen y la escandalosamente elevada presión fiscal en Alemania y era una forma de entender hasta qué punto llega la codicia y crueldad de los Estados a la hora de saquear a sus ciudadanos.

Así, por ejemplo, el Estado alemán ingresa cada año más de un billón de euros y, como no podía ser de otra manera, estos ingresos se destinan a todo tipo de gastos a cada cual más tonto y elevado.

Lo más alarmante es que para muchos el Estado no gasta demasiado, sino demasiado poco. No es raro escuchar decir a socialistas y en general aquellos que huyen de la responsabilidad y desean que papá Estado se encargue de todo, que “los Estados cada vez privatizan más”, o incluso que “las bajadas de impuestos nos cuestan miles de millones”.

Esta visión tan orwelliana de la realidad no puede estar más lejos de la verdad: lo cierto es que el gasto público sigue aumentando año tras año.

Ninguno de los problemas que aquejan a los servicios públicos se debe a la falta de ingresos, sino al exceso de gastos. Un Estado que ingresa más de 1 billón de euros cada año debería poder permitirse ofrecer carreteras decentes, cosa que, si has tenido la oportunidad de viajar por Alemania, sabrás que no es así.

Si te preguntas cuánto ha cobrado tu país en impuestos, en España el 2019 fueron 438 mil millones de euros, en Argentina 71 mil millones y 136 mil millones de euros en México (aparece todo en euros para una más fácil comparación).

Así las cosas, bien podríamos aplicar al Estado el principal reproche de la izquierda a los ricos, hay dinero suficiente, el problema es que está en las manos equivocadas.

Llegados a este punto, para divertirnos un poco, más vamos a ver cómo se produce realmente este despilfarro del dinero de impuestos en Alemania (de nuevo, lo veremos sobre el caso de Alemania, porque si fuera en nuestro país de residencia dejaría de ser divertido, claro).

En este breve artículo te presentamos los peores proyectos financiados a costa de los contribuyentes alemanes.

Estas son las reglas que hemos seguido para hacer esta pequeña selección: tienen que ser gastos que sirvan para un objetivo específico y suficientemente amplio, que puede incluir a su vez varios proyectos individuales; y tienen que haber costado, por lo menos, 10 millones de euros (si fijamos el límite por debajo de eso, los despilfarros son incontables).

Además, no incluimos las partidas de gastos más importantes, como por ejemplo la estafa piramidal que son las pensiones, ya que estos gastos no son verdaderos “despilfarros”, sino más bien versiones deficientes de cosas que, de otro modo, nos proporcionaría el libre mercado.

Solo consideramos despilfarros aquellos gastos que puedan suprimirse inmediatamente sin necesidad de sustituirlos, y cuya desaparición no perjudique a nadie (no consideramos perjuicio el hecho de que un par de burócratas se queden sin una parte de su botín). Todos los ejemplos citados se refieren a casos de los últimos diez años (aunque el proyecto puede haber empezado antes).

Por supuesto, igual que se hemos hecho esta lista del despilfarro en Alemania se podría hacer otra para España, Argentina o cualquier otro país. En el caso de España no tienes más que echar un vistazo a los aeropuertos fantasma, a las líneas de AVE, los proyectos faraónicos en Madrid, Valencia, Zaragoza… Pero lo dicho, eso ya no sería divertido.

Si tras leer nuestro artículo te quedan ganas de ver en qué se gastó tu dinero, puedes echar un vistazo a estos artículos:

https://15mpedia.org/wiki/Lista_de_ejemplos_de_despilfarro

https://www.libremercado.com/2013-04-21/treinta-nuevos-ejemplos-de-despilfarro-publico-1276487968/

1. La transición energética

Coste: más de 1.000.000.000 euros

La de los verdes se ha convertido sin duda en una de las formas de pensar dominantes en Alemania. Aunque no se exprese en los resultados electorales, sus ideas son las más influyentes en el mundo de la política, prácticamente todos los partidos incluyen “causas verdes” en sus programas.

Seguramente, ningún país o sociedad del mundo esté tan obsesionada con el “ecologismo” como Alemania: no importa de qué partido o movimiento social hablemos, todos son verdes en mayor o menor medida. Y la prueba inequívoca de esta situación es la transición energética.

Desde la década de 1990, el Estado ha intentado promover por distintos medios las energías verdes, como son la energía solar, eólica o la biomasa. Por ejemplo, los operadores de centrales solares y eólicas reciben ayudas del Estado. Además, los operadores de energías renovables pagan menos impuestos.

Las estimaciones indican que el coste de esta promoción de las energías renovables ha superado ya los 100.000 millones de euros desde la década de 1990, y no parece que se vaya a acabar. En 2050, las cifras podrían ascender a más de 200 000 millones, y otras estimaciones arrojan cifras aún más elevadas.

Las consecuencias para los alemanes son catastróficas, el precio de la electricidad en Alemania es el más alto de toda Europa. Muchas familias ya no pueden pagar la factura de la luz, por lo que sufren cortes en el suministro. Esta es la triste realidad en Alemania.

Como era de esperar, el objetivo de abandonar el consumo de energías fósiles en favor de las energías renovables ni siquiera tuvo un gran éxito. Es cierto que la cuota de consumo de energías renovables pasó de menos del 10% en 1990 a más de un tercio en la actualidad.

Sin embargo, la mayoría de operadores de plantas solares alemanas que se beneficiaron de estas subvenciones quebraron, por lo que un gran número de plantas solares en Alemania provienen a día de hoy de China e India.

Todo ese dinero malgastado en subvenciones no ha conducido a una mayor innovación por parte de quienes las recibieron, sino a un error de cálculo y a una nula innovación.

¿Quién podría haberlo previsto? Nadie, excepto cualquiera que sepa algo de economía, claro… Además, resulta engañoso hablar de que un tercio del suministro energético proviene de las renovables, porque estas cifras son muy estacionales. Durante muchos meses, gracias a la transición energética, Alemania depende de la importación de electricidad, y lo más gracioso es que importa energía de estas fuentes tan demonizadas como son el carbón o la energía nuclear.

La transición energética ha sido un desastre en Alemania: la electricidad se ha encarecido enormemente, las familias se han visto reducidas a la pobreza, el suministro de electricidad se ha visto permanentemente comprometido, el país ha pasado a depender de electricidad importada y los operadores de las plantas solares alemanas han quebrado a pesar de las muchas ayudas que recibieron.

Pero eso no es todo, lo peor puede estar aún por llegar: muchos expertos advierten de un posible apagón generalizado, no solo porque las energías renovables son carísimas, sino también menos fiables que los combustibles fósiles. Un acontecimiento de este tipo podría tener terribles consecuencias, y es previsible que gente muera si llega a suceder.

Aunque esto sucediera, lo más probable es que, en lugar de aprender de una vez la lección, se decidan por ofrecer más subvenciones. No sabemos qué formas de energía se impondrían en un hipotético mercado libre de electricidad, pero está claro que las alternativas más baratas a día de hoy son los combustibles fósiles y la energía nuclear.

Si tan importante es evitar las emisiones de CO2, podríamos recurrir a la energía nuclear porque, en contra de lo que dicen los Verdes, es una forma de energía muy segura. La actual política energética es, sin lugar a dudas, la mayor manifestación del despilfarro de impuestos.

2. El Eurorescate

Coste: más de 50.000 millones de euros

Antes de la transición al euro, Alemania era un país con una moneda especialmente estable en comparación con el resto de Europa. Grecia, por su parte, había devaluado su moneda varias veces en las décadas previas para pagar sus descomunales montañas de deuda.

Nadie podía prever lo que ocurrió después: el colapso total de la economía griega. Y es que los griegos mantuvieron su costumbre de acumular deudas inmensas, pero llegó un momento en que no pudieron reducirlas devaluando su moneda nacional. Por eso, los países del euro se sorprendieron bastante cuando se enteraron en 2010 de lo mal que le estaba yendo a Grecia.

Pero lo que vino después fue aún más sorprendente: se le pidió a Alemania —el país con mayor poder económico de Europa, y con una deuda muy baja en comparación— que, junto con otros países económicamente fuertes, ayudaran a pagar las deudas de los griegos.

Lo más irónico es que, en lugar de estar agradecidos, los griegos pasaron a odiar a los alemanes por ello, ya que los países que salvaron la economía griega les exigieron aplicar un estricto modelo de austeridad (aquí uno podría ver paralelismos de lo que siente la clase media/baja que no paga o pagan muy pocos impuestos, por los ricos que sí pagan grandes cantidades).

En realidad, muchos economistas habían previsto precisamente este tipo de desenlace.

Cuando varios países con disciplinas fiscales completamente diferentes se ven obligados a adoptar una moneda común, estos conflictos están garantizados. La deuda masiva de los griegos y de los demás países en crisis, la distribución de la deuda entre todos los países de la zona euro, la pérdida de autonomía sobre los propios presupuestos de los Estados en crisis debida a los paquetes de rescate… todo esto estaba más que claro cuando se adoptó el euro.

Las desastrosas políticas de los tres paquetes de rescate que recibió Grecia (2010, 2012, 2015) les costaron a los contribuyentes alemanes probablemente más de 50.000 millones de euros.

Es difícil calcular el coste exacto de la participación de Alemania en los rescates, porque no olvidemos que también hubo más rescates para Irlanda, Portugal, España, Chipre…

Muchos ciudadanos socialdemócratas están tan perdidos en temas económicos que insinúan que Alemania se beneficia de los rescates porque los bancos alemanes son los mayores acreedores de los griegos.

Esta es, en pocas palabras, su teoría: Grecia pide préstamos a los bancos alemanes, los griegos los utilizan para vivir por encima de sus posibilidades, luego, no pueden devolver los préstamos y piden al Estado alemán que se haga cargo de ellos; por lo que los alemanes salen ganando.

Cualquiera que haya estado un poco atento se habrá dado cuenta de que esto no es del todo cierto. Tanto los contribuyentes alemanes, que fueron expoliados una vez más, como los banco alemanes, que esperaban cobrar el reembolso y tendrán que conformarse con una rebaja de la deuda, salieron perdiendo con estos rescates.

Los aprovechados, al menos hasta que llegó el colapso, fueron los griegos, que vivían a costa de los demás. Pero al final a ellos también les llegó la factura en forma de una generación perdida.

Al final, la solución a esta tragedia griega no se reduce simplemente a reintroducir la dracma, sino que se necesita llevar por fin la disciplina fiscal a Grecia, porque devaluar la propia moneda una y otra vez para pagar las deudas tampoco es la solución. Si no se consigue este objetivo a largo plazo, es evidente que vendrán más generaciones perdidas en el futuro.

3. Los solicitantes de asilo de Merkel

Coste: más de 50.000 millones de euros

En 2015, los alemanes pudieron disfrutar de nuevos invitados en su país. Estas nuevas gentes no tardaron en llamar la atención por sus más que cuestionables costumbres y su predisposición a la apropiación indebida de camiones entre otros, pero esa es otra historia.

Lo que no es normal en este obsequio es el coste exorbitantemente alto que supuso para el contribuyente alemán. En ese punto, solo estamos teniendo en cuenta a los solicitantes de asilo que llegaron a Alemania en 2015 y 2016, la generación del verano Merkel.

El Estado alemán gastó unos 50.000 millones de euros solo en esta oleada. Al año siguiente a su llegada, el coste fue de 20.000 millones, y fue disminuyendo constantemente en los años siguientes —aunque, por supuesto, se sigue gastando dinero en los nuevos solicitantes de asilo— ya que su lenta integración en el mercado de trabajo supone una carga a corto y medio plazo.

Por supuesto, el gasto de presupuesto en solicitantes de asilo no es algo reprobable de por sí. Algunas personas huyen por verdadera necesidad, y aunque el sistema de asilo alemán debe reformarse a fondo, estas personas merecen ayuda y no pueden esperar.

Sin embargo, lo que ocurrió en el verano Merkel no tuvo nada que ver con ayudar a los necesitados. De hecho, Merkel dejó las fronteras abiertas sin ningún motivo, ya que las vidas de las personas en los campos de refugiados del Líbano y Turquía no corrían ningún peligro.

A la llamada acudieron más de un millón de solicitantes de asilo, que supusieron una enorme carga económica y social para Alemania, y solo en las próximas décadas descubriremos si la integración de estas nuevas personas tiene éxito (las dudas están justificadas, todo sea dicho).

Nunca se les debería haber permitido entrar en el país sin control. Parece ser que la única razón por la que Merkel tomó su decisión, que fue luego revocada por los austriacos, fue la presión mediática que la canciller temió si se mostraban en las noticias desagradables imágenes de las fronteras.

Al menos Merkel nos demostró a todos su desfachatez cuando más tarde afirmó que solo su acuerdo con Erdogan había asegurado las fronteras y detenido el flujo de refugiados. Primero eran más valiosos que el oro, pero luego fue todo un logro el detener su afluencia…

4. Las pensiones de los funcionarios

Coste: 70.000 millones de euros al año

Todos hemos oído eso de que vivimos en una sociedad de dos clases: ricos y pobres. Bueno, la realidad es que vivimos en una sociedad en la que los privilegios los ostenta básicamente una clase: los funcionarios.

No solo están libres del sistema de méritos gracias a que sus puestos son de por vida, sino que tienen su propio sistema de pensiones, separado del resto de los ciudadanos,

Ahora bien, no hay que considerar el gasto en pensiones como un despilfarro per se, sino como una versión deficiente de algo que sí es necesario: las pensiones de jubilación.

Sin embargo, las pensiones de los funcionarios son un auténtico derroche. Los funcionarios, al igual que todos los alemanes, podrían cotizar en el régimen de pensiones normal, y recibir después la pensión correspondiente.

Aunque esto no sea lo óptimo (seguiría siendo una estafa piramidal), por lo menos sí sería mejor para los contribuyentes, y una solución mucho más justa que la que existe ahora. Un sistema de pensiones independientes para los funcionarios, a cuenta de los presupuestos públicos, es completamente innecesario y podría suprimirse en cualquier momento, por lo que estamos ante un despilfarro de manual.

El gasto en pensiones de funcionarios asciende a los 70.000 millones de euros al año. En términos absolutos, este es el mayor gasto anual de toda esta lista de despilfarros. Sin embargo, como los funcionarios seguirían recibiendo algún tipo de pensión estatal aunque se suprimiera su régimen de pensiones, el dinero que se desperdicia en realidad es algo menor.

Aun así, es cierto que se derrochan varios miles de millones, ya que los funcionarios tienen más derechos que los pensionistas ordinarios (lo que nos lleva de nuevo a la idea de la sociedad dividida en dos clases).

Obviamente, los funcionarios no quieren depender de la demografía, o sus salarios podrían verse amenazados con la vejez. Estafa piramidal para la plebe, pensiones decentes para los funcionarios.

5. Compra de armas por parte del ejército de la República Federal de Alemania

Coste: más de 13.500 millones de euros

Lo cierto es que la existencia de un ejército alemán es bastante innecesaria. Nadie cree que los soldados alemanes sean especialmente importantes en la lucha contra los talibanes o como baluarte contra los rusos. Y, en caso de emergencia, Alemania tiene autorización para utilizar armamento nuclear.

Sin embargo, EE.UU. y otros países miembros de la OTAN no dejan de presionar para que Alemania aumente su gasto de defensa hasta cumplir el objetivo acordado no oficialmente de destinar el 2 % del PIB a la defensa. En consecuencia, Alemania está gastando muchos fondos para reequipar a sus fuerzas armadas.

En este proceso, el gobierno alemán se las apaña para no aumentar la capacidad armamentística del ejército —lo que acarrearía más gastos—, mientras que al mismo tiempo desperdicia grandes sumas de dinero público.

En 2019, el Libro Negro de la Unión del Contribuyente Alemán calculó que el presupuesto destinado a la compra de armas para las fuerzas armadas alemanas superó en unos sorprendentes 13.500 millones de euros lo previsto inicialmente.

El programa que más se encareció fue el Eurofighter, que terminó costando 6900 millones de euros más de lo acordado por el Parlamento alemán. La restauración del buque escuela Gorch Fock, que volverá a navegar en 2021, le ha costado al contribuyente alemán más de 10 veces el precio inicialmente previsto, más concretamente 135 millones de euros en lugar de los 10 millones que se estimaron.

Con el ejército se derrocha dinero por todas partes. Los alemanes no van a conseguir que los talibanes les tomen en serio, porque su ejército probablemente siga siendo de broma. Eso sí, una broma muy cara.

6. Subvenciones culturales

Coste: 10.000 millones de euros anuales

¿Quién no ha visto algún episodio de una comedia en la televisión pública y ha pensado «¡Esto es tan bueno que compensa el gasto de miles de millones de euros cada año!»? Probablemente nadie con un coeficiente intelectual superior a la temperatura media de la Antártida.

Esto no le impide al Estado alemán financiar a cómicos, generalmente de extrema izquierda.

En Alemania, cada año se destinan 10.000 millones de euros en concepto de subvenciones culturales para todos esos payasos a los que tenemos que escuchar hacer «crítica social».

En otras palabras, criticar a «los ricos», a los banqueros, a los republicanos estadounidenses, a los negacionistas del cambio climático y, sobre todo, críticas muy atrevidas dirigidas a ese grupo que nadie se atreve a criticar públicamente… a los nazis (nótese el sarcasmo aquí).

La crisis del COVID deja de nuevo claro lo mucho que se malgasta en estos supuestos artistas. Las instituciones culturales financiadas por el Estado se encontraron sin dinero de la noche a la mañana porque muchas de las actuaciones financiadas con dinero público se vieron repentinamente canceladas.

Esto podría haber servido para replantearse el gasto en subvenciones culturales, pero en lugar de eso, los artistas nacionales lanzaron una campaña con el lema “¡El sistema necesita de la cultura!”.

Ni que decir tiene que esto no es cierto: ni siquiera la auténtica cultura es necesaria en tiempos de crisis, pero mucho menos si hablamos de esta cultura moderna financiada por el Estado, que representa el punto más bajo de toda la historia de la cultura.

Sin embargo, nadie duda ahora en vaciar las arcas para salvar la “cultura”… porque, ¿quién podría vivir en un país en el que no se elogie cada semana a Greta a costa de los contribuyentes y se ridiculice a esos egoístas viejos blancos?

7. La estación Stuttgart 21

Coste: 8.000 millones de euros

Si por algo se conoce el proyecto de la estación de trenes de Stuttgart 21, es por el aluvión de críticas que recibió por parte de algunos ciudadanos indignados. Rechazaron el proyecto en nombre de la defensa del medio ambiente, y a veces opusieron una resistencia violenta.

Al final, se celebró un referéndum y el proyecto de la estación salió adelante. A ninguno de los enemigos de la Stuttgart 21 pareció importarle la carga fiscal que soportan los ciudadanos. Imagino que, en aquel momento, no podían prever el monstruo que se cernía sobre todos.

Los árboles y escarabajos que vivían allí eran el mayor problema (y quizás lo sigan siendo para más de un verde).

¿Cuál es el balance final? El proyecto lleva previsto desde 1995. Al principio se suponía que iba a costar 2500 millones de euros, en 2009 ya se decía que la cifra ascendería a los 4000 millones, y ahora son 8000 millones. Un escándalo verdaderamente increíble.

Y lo peor es que estas cifras provocaron bastante menos protestas que las preocupaciones medioambientales por las que se manifestaron tanto en contra de la Stuttgart 21.

Las prioridades de los alemanes quedan más que claras: proteger escarabajos lleva a más gente indignada a la calle, que el derroche de miles de millones de euros de dinero público.

8. El aeropuerto de Berlín

Coste: 7000 millones de euros

¡Todo un clásico! Cuando un alemán piensa en fondos públicos tirados a la basura, seguramente lo primero que le venga a la cabeza sea el aeropuerto de Berlín.

Este prestigioso proyecto berlinés, que debía sustituir al veterano aeropuerto de Berlín-Tegel, iba a costar 2000 millones de euros; y su apertura estaba prevista para el 2012.

Finalmente, nada de esto se ha cumplido.

Cada año se baten nuevos récords. Los errores de cálculo cada vez más absurdos llenaron los titulares. Parece imposible que se puedan realizar tantos cálculos erróneos como los que tuvieron lugar durante la construcción del aeropuerto de Berlín. Al final, los costes ascendieron a 7000 millones de euros, nada menos.

Desgraciadamente, la reacción del público demostró que la tragedia del socialismo (o, en este caso, de la socialdemocracia) no es más que una broma para la mayoría de alemanes. Hubo muchas risas. Poco enfado.

Los miles de millones de euros desperdiciados no eran más que una estadística, un gag en los programas de estos cómicos sin gracia. No se aprendió nada del desastre. El aeropuerto se inauguró a finales de 2020, y no se permitió el despegue de ningún avión debido al cierre por el COVID.

9. La consolidación de la infraestructura informática federal

Coste: 3400 millones de euros

En 2015, el gobierno federal decidió que todos los organismos federales debían tener un sistema informático unificado. Hasta entonces, todas las agencias tenían su propio software, lo que hacía que hubiera más de 100 centros informáticos diferentes y 1000 salas para almacenar los servidores.

Es cierto que solucionar este caos era una medida comprensible, pero la ejecución fue desastrosa. Tras más de 5 años, el proyecto sigue sin estar acabado y se ha anunciado su retraso hasta, al menos, el 2025.

Los costes hasta la fecha ascienden a 3400 millones de euros. Solo en consultorías se han gastado más de 500 millones. Si hubieran contratado a cualquier programador de Github estoy seguro de que se habrían ahorrado bastante.

10. La filarmónica de Elba

Coste: 866 millones de euros

Un caso particularmente notorio de despilfarro de fondos públicos es el de la filarmónica de Elba. Los 77 millones de euros que debía costar en un principio se convirtieron en 866 millones. Ese es el atroz balance de este proyecto.

En el futuro, la sala de conciertos será sin duda uno de los puntos de referencia de Hamburgo, y las generaciones venideras habrán olvidado la vergonzosa historia de su creación.

Originalmente debía abrirse en 2010, pero un enorme error de cálculo provocó un retraso de siete años.

Al fin y al cabo, este fragrante escándalo ocupó muchos titulares, comparables a los del aeropuerto de Berlín. Como podrás imaginar, esta inversión del contribuyente alemán no se rentabilizará nunca.

11. La restauración de la Ópera en Berlín

Coste: 440 millones de euros

La Ópera Unter den Linden fue un prestigioso proyecto del gobierno alemán. Aunque, evidentemente, mejor opción hubiera sido la privatización, la restauración con dinero público no parecía, a priori, que fuese a convertirse en un caso especialmente grave de despilfarro.

Pero no resultó así.

La remodelación se retrasó cuatro años, y el coste final de 440 millones de euros superó en 200 millones la previsión inicial. Así, un proyecto loable se convirtió en otro ejemplo de pésima gestión gubernamental a cargo del contribuyente, que a menudo financia estos proyectos de forma inconsciente.

Lo más triste de todo es que una institución cultural centenaria en Alemania se haya convertido una vez más en un panteón millonario de impuestos derrochados.

12. El túnel bajo la estación central de Augsburgo

Coste: más de 239 millones de euros

Sí, Baviera también entra en esta lista. La ciudad de Augsburgo estaba ansiosa por reconstruir su estación de trenes. Había que hacer un túnel y construir una parada de tranvía, cuyo coste se estimó inicialmente en 70 millones de euros allá por 2006.

A día de hoy, la construcción no se ha inagurado, y se calcula que el coste actualizado es de entre 230 y 250 millones de euros —aunque otros estiman 300 millones—.

Hablamos de un aumento total de tres a cuatro veces la cifra inicial.

La buena noticia es que, en medio de la crisis del Corona, se completó la construcción del túnel, pero no se espera que la parada del tranvía se abra hasta el 2023. Quién sabe cuándo funcionará realmente el tranvía o cuántos millones se habrán malgastado para entonces.

13. La rescisión de un contrato de arrendamiento en el puerto de Hamburgo

Coste: 118 millones de euros

El puerto de Hamburgo es mundialmente conocido. Por desgracia, no está exento de interferencias estatales en todos los ámbitos.

En 2009, la ciudad Hamburgo pagó la friolera de 118 millones de euros a una empresa de logística para rescindir prematuramente un contrato de arrendamiento en la zona de Steinwerder.

Sin embargo, el contrato de arrendamiento hubiera expirado poco después, y la zona desalojada en 2016 sigue sin utilizarse a día de hoy. Y lo mejor: en el verano de 2020 se encontró arsénico altamente tóxico en la cuenca del puerto. Por lo tanto, es imposible predecir cuándo podrá comenzar la construcción. Hamburgo entra en nuestra lista por segunda vez.

14. Los peajes

Coste: 77 millones de euros

Un proyecto que no solo cuesta mucho, sino que se debe pagar por adelantado: los peajes han desarrollado esta forma especialmente artera de despilfarro público.

El ex ministro federal de Transporte, Construcción y Desarrollo Urbano, Andreas Scheuer, propuso introducirlo en 2013 para aliviar la carga fiscal de los contribuyentes alemanes. Los extranjeros debían pagar un peaje por el tránsito de sus coches por autovías alemanas y, a cambio, los alemanes pagarían menos impuestos sobre sus vehículos.

El resultado: hasta ahora se han gastado 76,7 millones de euros en el proyecto y la UE declaró en 2019 que los peajes (de esa forma) iban en contra de la legislación comunitaria.

A Scheuer no le importará mucho: ya tiene otro cargo y, como ocurre en la mayor parte de países (por no decir, en todos), no hay responsabilidad política alguna por el despilfarro de dinero público.

15. La administración escolar oficial de Baden-Württemberg (ASV-BW)

Coste: 47 millones de euros

Al igual que el séptimo puesto de esta lista, este punto también habla de un proyecto informático. Con esta propuesta, el gobierno estatal de Baden-Württemberg quería reducir el trabajo administrativo y facilitar la recolección de datos para la Administración.

Los costes previstos eran de 4 millones de euros, pero resultaron siendo 47 millones de euros al final. Los plazos de este proyecto también son dignos de mención: el software debía utilizarse en todos los colegios para el curso 2008/2009, pero en el curso 2018/2019 aún se utiliza en menos de un 10 % de los colegios.

[Otro fracaso en materia de educación e informática de Baden-Württemberg fue la plataforma educativa “Ella”, a la que el gobierno estatal destinó 6,5 millones de euros. Aunque se trate de otro ejemplo de despilfarro en toda regla, no se malgastó el suficiente dinero como para aparecer en esta cuidada selección.]

Concluyendo

Y hasta aquí hemos llegado hoy. Espero que el artículo de hoy te haya servicio para tres cosas:

  • Primero, para entender que al contrario de lo que muchos piensan, ni los políticos alemanes son serios, ni los alemanes en general tan buenos pensadores.
  • Segundo, para confirmar que el dinero (y los proyectos del tipo que sean) siempre estará mejor en manos privadas que a disposición de políticos y funcionarios.
  • Y tercero, para dar el paso tomar las riendas de tu vida y dejar de pagar impuestos.

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