Australia sin impuestos: cómo vivir legalmente más de 6 meses sin tributar por los ingresos extranjeros

Hoy te vamos a explicar cómo vivir en Australia más de 6 meses sin pagar impuestos por ingresos extranjeros usando una estructura internacional bien diseñada.

Muchos siguen asociando vivir como viajero perpetuo con viajar sin parar, con 150 vuelos al año y sin poder quedarse en un lugar más de tres días, tal y como hace el cofundador de Librestado, Christoph Heuermann, en sus viajes. Sin embargo, la realidad es que existen muchas formas de vivir como viajero perpetuo y no pagar impuestos.

La realidad es que, si te organizas bien, puedes vivir libre de impuestos incluso en los «infiernos fiscales» y en países con alta tributación como España o Portugal.

Hoy vamos a fijarnos en Australia, un país que, aunque muchos tienen en cuenta como lugar para pasar unas vacaciones, con visados de turista o con el visado Work and Holiday vis, muy pocos lo ven como un paraíso fiscal.

Y, como siempre, aquí también se aplica lo siguiente: no recomendamos nada que no hayamos probado nosotros mismos o que no hayan probado socios colaboradores cercanos y de confianza. Así ocurre también con esta opción.

Uno de los miembros de nuestro equipo alemán vive este modelo en primera persona y, así, no solo conoce la teoría, sino sobre todo los trucos y consejos prácticos que a menudo son necesarios en la vida real.

Librestadofunciona porque aquí no se escribe desde la teoría, sino desde la experiencia vivida y eso es lo que hace que nuestros servicios sean únicos en el mercado. Librestado te ofrece la teoría y la práctica.

Australia: un país de extremos

Para la comunidad de Librestado, la libertad no es un lujo, sino una condición indispensable. Precisamente por eso, desde el COVID, Australia, sigue siendo un tema controvertido para muchos. Probablemente no haya otro país desarrollado o de cultura occidental que haya tomado medidas tan duras durante la pandemia:

Melbourne vio el confinamiento más largo del mundo, un continente completamente aislado, turistas excluidos en la práctica y, en algunos casos, incluso se impedía a residentes permanentes o ciudadanos salir del país o volver a entrar. Historias de australianos varados en el extranjero, personas a las que no se les permitió estar con sus familiares moribundos, eventos familiares de todo tipo que se perdieron: todo eso queda ahí, y no es algo que debamos olvidar al valorar Australia como opción para vivir.

Aun así, merece la pena analizar Australia con perspectiva. A quien le guste este gigante país y no dé por sentado que la población se dejaría encerrar de la misma manera por segunda vez, podrá ver hoy que Australia sigue siendo muy interesante para quien aplica la Teoría de las Banderas con visión estratégica: un continente impresionante, una alta calidad de vida, seguridad, estabilidad económica, prosperidad.

No en vano, Australia sigue siendo uno de los destinos de emigración más populares entre las personas pudientes. Y si miramos más a fondo, resulta que Australia tiene algo más que ofrecer: un régimen fiscal especial que, en realidad, no encaja con la imagen de un país de alta presión fiscal, pero que, por supuesto, resulta especialmente interesante para nosotros, la comunidad Librestado.

Exención fiscal sobre los ingresos extranjeros gracias al estatus de «residente temporal»

Australia no tiene oficialmente un sistema de tributación territorial. Normalmente grava los ingresos universales. Sin embargo, hay una excepción que sigue siendo desconocida para muchos: quien se encuentre en el país con un visado temporal —visitantes, turistas, trabajadores temporales, estudiantes, trabajadores cualificados, titulados y muchos otros tipos de visado— no se considera residente a efectos fiscales.

Ahí es precisamente donde entra en juego la regla especial que, en determinadas condiciones, convierte a Australia prácticamente en un país de tributación territorial para quien se estructura correctamente: los ingresos extranjeros quedan completamente excluidos. Sin declaración, sin impuestos, siempre y cuando no te conviertas en residente permanente o no ejerzas tu actividad en Australia.

Solo los nacionales y residentes permanentes están sujetos a impuestos sobre los ingresos mundiales. Todos los demás, que eligen deliberadamente mantener su estatus de residente temporal, se benefician de un mecanismo fiscal que Australia ofrece, pero que no promociona de forma activa.

Quien entiende el sistema y lo aplica con disciplina, vive en un país muy interesante y, aun así, no paga ni un solo céntimo de impuestos por sus ingresos extranjeros.

Se trata de un secreto que no debería ser tal, pues es algo totalmente oficial, pero lo dicho, muy pocos son conscientes de esta realidad.

En concreto, como residente temporal se aplica lo siguiente: «Las personas que también son residentes temporales a efectos del impuesto sobre la renta generalmente no pagan impuestos en Australia por los ingresos que obtienen en otro país.» (Aquí puedes leerlo en la fuente).

Por otro lado, Australia ofrece una descripción muy clara y detallada de lo que debes hacer para ser considerado residente temporal en Australia. Pero hablaremos de eso con más detalle más adelante.

Los visados temporales de Australia: la base de tu estructura libre de impuestos

Australia se vuelve realmente interesante en este contexto cuando te fijas en los visados. La forma más sencilla de empezar para muchos ciudadanos europeos es probablemente el visado de subclase 651. En principio, solo tienes que introducir unos pocos datos y, en muchos casos, la autorización llega automáticamente a tu buzón de correo en cuestión de minutos. Da la sensación de ser muy similar al conocido procedimiento ESTA estadounidense. El visado tiene una validez de un año y permite entrar tantas veces como quieras. Pero hay una condición: salir brevemente del país una vez cada tres meses, es decir, hacer de vez en cuando un visarun.

En Australia, por supuesto, hay que tener en cuenta las distancias para visaruns; los países más cercanos suelen estar a unas tres horas de distancia, por ejemplo, Indonesia (Bali) desde Perth, Nueva Zelanda desde Melbourne, etc. Así que todo esto no es comparable a un visarun entre Tailandia y Malasia o Camboya, pero con un poco de planificación es definitivamente factible. Y eso es todo lo que pide Australia. Pero así es precisamente como puedes probar el país por primera vez como base potencialmente libre de impuestos, sin comprometerte a largo plazo.

Cómo quedarte hasta un año en Australia sin tener que salir

Si no te apetece hacer el visarun cada tres meses, también puedes quedarte hasta un año en el país con el visado Subclase 600, sin necesidad de salir. Lo buena de esta opción es que también está disponible para ciudadanos de Latinoamérica y el resto del mundo.

Sí debes tener en cuenta que se trata de un procedimiento de visado «de verdad», es decir, que implica tiempos de espera, la obligación de aportar mucha más información, acreditación de medios económicos y también una tasa de 200 dólares australianos por la tramitación.

Ambas visas (la subclase 600 y 652) tienen en común que no te permiten trabajar con ellas, ni mucho menos en el país, y fuera del país solo si se realizan actividades no remuneradas, como trabajo voluntario o «trabajos ocasionales en línea para el empleador» en el extranjero.

Con estos visados puedes quedarte en el país un máximo de 12 meses en cada periodo de 18 meses; en concreto, esto significa que si agotas al máximo uno de los visados, es decir, 12 meses seguidos, después tienes que salir del país durante 6 meses, pero luego puedes volver a entrar otros 12 meses.

Es decir, tienes un año en Australia, medio año fuera y luego vuelta a empezar. Esto lo convierte, por ejemplo, en una opción interesante para quienes quieran pasar un año en Australia y medio año en Nueva Zelanda o en Bali, etc. También para quien quiera pasar un año en Australia y luego volver a visitar a su gente durante un poquito menos de seis meses allí donde esta se encuentre su país de origen.

Otras opciones de visado en Australia

Si quieres quedarte más tiempo, puedes optar por el conocido visado Working Holiday (disponible hasta los 30 o 35 años, según tu ciudadanía). Este visado no está disponible para todas las ciudadanías (españoles, argentinos y chilenes, p.ej. sí tendrían acceso) y, como apuntábamos, las condiciones pueden cambiar algo según el caso. Puedes revisar si está disponible para tu nacionalidad en la página oficial.

El visado permite una estancia de hasta tres años, trabajos ocasionales y te da tiempo suficiente para vivir en el país sin caer nunca en la trampa fiscal de convertirte en residente permanente.

La opción es perfecta para jóvenes profesionales que quieren aprovechar Australia como opción sin tener que tributar por sus ingresos extranjeros. En realidad, el visado está pensado para jóvenes viajeros que quieren ganarse un dinero extra en el país o trabajar durante sus viajes en sectores e industrias en los que en Australia casi siempre se busca mano de obra auxiliar. Sin embargo, también puedes trabajar para una empresa en el extranjero mientras estás en el país.

Aún más potentes —y para muchos empresarios el verdadero punto óptimo— son los visados temporales para trabajadores cualificados, como el 482, el 485 o el 491. Estos suelen tener una vigencia de varios años, en algunos casos hasta cinco o incluso siete, y otorgan plenos derechos laborales sin que ello implique automáticamente la residencia fiscal plena.

Es precisamente aquí donde surge el famoso «sistema fiscal territorial por la puerta trasera» del que hablábamos al principio: vives, ganas lo mínimo para vivir a nivel local, sigues gestionando tu negocio internacional desde el extranjero y, sin embargo, sigues siendo un residente temporal a efectos fiscales.

De esta forma, puedes continuar trabajando con una LLC estadounidense u otra empresa extranjera, siempre y cuando los ingresos no se lleven a Australia. Para ello es necesario disponer de una cuenta bancaria (normalmente a través de, por ejemplo, Wise) fuera de Australia.

Visados de estudiante y otras opciones

Los visados de estudiante son una opción interesante y que a menudo se subestima. Por lo general, permiten estancias de varios años con derechos de trabajo limitados, ofrecen acceso completo al sistema de seguridad social, si así lo deseas (seguro médico asequible a través de Medicare, etc.) y te mantienen en un estatus de residente temporal a efectos fiscales.

Muchos utilizan los programas de estudios específicamente como herramienta, también para quedarse en el país de forma permanente en algún momento.

A parte, existen innumerables visados temporales más, desde visados de trabajo de corta duración hasta programas de prácticas, pasando por visados de propósito especial para determinados sectores o actividades. Australia es conocida por la complejidad de sus visados, que a menudo resulta bastante confusa. Pero es precisamente en esta complejidad donde se esconden las oportunidades. Lo importante es que nunca adquieras el estatus de residente permanente si quieres mantener la exención fiscal sobre tus ingresos extranjeros. Y ahí también hay algunos obstáculos que debes tener en cuenta.

Cómo evitar las trampas que te convertirían en residente permanente en Australia

Un breve repaso al contexto: Australia distingue fiscalmente de forma muy clara entre las personas que «realmente pertenecen» al país y aquellas que solo están de forma temporal.

Este principio de blanco o negro está diseñado así a propósito, ya que Australia quiere, por un lado, atraer a personas altamente cualificadas, pero, por otro, evitar que los recién llegados tengan derecho inmediato a todo el sistema de prestaciones sociales.

Por eso existe este tipo de estatus fiscal intermedio con los residentes temporales. Vives legalmente en el país, utilizas su infraestructura, pero no estás totalmente integrado fiscalmente, sino solo por lo que generas en el país. Y es precisamente en este espacio intermedio donde surge el efecto de exención fiscal que buscamos.

No debes caer en la trampa que te convertiría en residente permanente (PR).

Muchos visados temporales tienen una estructura de dos fases: primero tienes un visado temporal durante unos años y luego se abre una vía hacia el PR. Aquí hay que tener cuidado.

Cada paso hacia el PR —como acumular ciertos puntos, cumplir los plazos de residencia regionales o solicitar una «invitación para presentar la solicitud»— conduce, desde el punto de vista fiscal, a un vínculo más profundo con el país.

En cuanto inicias activamente el proceso para obtener la PR o cumples objetivamente los criterios que dan derecho a ella, las autoridades fiscales podrían argumentar que tienes la intención de quedarte de forma permanente.

Por supuesto, a más tardar, al obtener la PR, se acabó: entonces se te considera fiscalmente como un australiano de pleno derecho y tus ingresos mundiales pasan a pagar impuestos.

Cómo las relaciones pueden arruinar tu estatus temporal en Australia

El punto más delicado de todo el modelo de residencia temporal es la cuestión de la pareja. Australia vincula la residencia fiscal no solo al visado y a la duración de la estancia, sino también, y de forma sorprendentemente fuerte, a los vínculos personales.

La relación con una pareja australiana se considera, a efectos fiscales, uno de los vínculos más fuertes que existen. Esto puede ser positivo, pero también negativo.

Desde el punto de vista del Estado, es lógico. Australia quiere distinguir entre las personas que están aquí a propósito solo por un tiempo y aquellas que, de hecho, empiezan a trasladar su vida al país. Tener una pareja australiana o un residente permanente australiano es una de las señales más claras de esto. En ese momento, el legislador asume que te estás integrando, que quieres quedarte de forma permanente y que, por lo tanto, debes formar parte del sistema por completo, incluida la obligación de pagar impuestos sobre todos tus ingresos mundiales. Quien entable una relación estable con un local, sencillamente ya no se considera temporal.

El amor como trampa fiscal

En cuanto vives en pareja con un ciudadano australiano o un residente permanente —da igual si estás casado o en una unión de hecho—, ya no te tratan fiscalmente como residente temporal. Pierdes la exención que mantiene libres de impuestos los ingresos extranjeros. Incluso sigas teniendo un visado temporal, tu situación fiscal puede cambiar, porque en la legislación australiana el concepto de residente fiscal y el estatus migratorio son dos sistemas distintos.

El problema se agrava porque Australia tiene una interpretación muy amplia de lo que es una «relación de hecho». No hace falta estar casado. Ni siquiera hace falta vivir juntos oficialmente. Basta con que se perciba cierta duración, exclusividad o compromiso mutuo. El mero hecho de compartir los gastos cotidianos, convivir de forma habitual o declarar oficialmente a una pareja puede interpretarse como una relación de hecho.

Si tu objetivo es convertirte en residente permanente en Australia, esto es algo muy positivo, ya que puedes obtener el estatus de residente permanente a través de tu pareja sin estar casado con ella. Se trata de una visión extraordinariamente liberal que se encuentra en muy pocos países.

Y, al contrario, si quieres evitar convertirte en residente fiscal, esto es negativo. Si quieres mantener tu exención fiscal, debes gestionar este punto con mucho cuidado. Eso no significa que no puedas enamorarte, pero debes entender cómo trata Australia las parejas desde el punto de vista fiscal. Así que ¡tenlo en cuenta en tu próximo match de Tinder o Bumble!

Mantén tus ingresos extranjeros en el extranjero

Este punto es fundamental, para no pagar por los ingresos extranjeros es necesario que estos permanezcan realmente en el extranjero.

Australia analiza los diferentes ingresos según dos criterios: ¿dónde se generan y dónde van a parar económicamente? Mientras ambos aspectos permanezcan fuera del país, las autoridades fiscales australianas no los consideran ingresos sujetos a impuestos. Sin embargo, si entran en el ámbito australiano, la situación cambia.

Así, si tienes ingresos procedentes, por ejemplo, de una LLC estadounidense, de una holding en la UE o cualquier otra estructura, y no quieres pagar impuestos, estos deben permanecer claramente fuera de Australia.

La empresa no debe tener un establecimiento permanente en Australia, no debe tener actividades operativas en el país (no debes trabajar de forma oficial desde allí) y no puede obtener ingresos de fuentes australianas.

Al mismo tiempo, como ocurre con algunos programas non-dom, los beneficios extranjeros no deben entrar en el circuito financiero australiano si quieres que sigan libres de impuestos. Tan pronto como el dinero aparece en una cuenta australiana, Australia tiende a cuestionar si esos ingresos no serán, después de todo, ingresos australianos. Y precisamente este «riesgo de recalificación» es el punto que debes evitar.

Separa siempre tus flujos de pago

Como residente temporal, la solución pasa por una separación rigurosa de las diferentes partes: La empresa opera en el extranjero, los ingresos van a cuentas no australiana y pagas los gastos personales en Australia con tarjetas extranjeras.

Para las autoridades fiscales australianas debe quedar claro que los ingresos nunca se «llevaron a Australia» (en este sentido, usar las tarjetas extranjeras no se contempla como tener dinero en el sistema bancario australiano). La administración australiana es estricta en esto, pero bastante justa: se fija en la estructura, el control y el flujo del dinero. Si todo permanecen en el extranjero, el asunto está claro.

El error de muchos Turistas Perpetuos, turistas y extranjeros es que, aunque tienen un negocio offshore, usan, a nivel particular, las estructuras financieras australianas.

Si los ingresos de las empresas extranjeras se transfieren regularmente a una cuenta privada australiana y luego gastas ese dinero en tu día a día allí, la Hacienda australiana no tardará en considerarte residente fiscal. Australia detecta entonces un patrón que ya no encaja con el de un residente temporal: los ingresos fluyen claramente hacia Australia y se utilizan aquí.

Desde el punto de vista de las autoridades, los ingresos extranjeros se convierten en ingresos relevantes para Australia. Y eso es precisamente lo que no debe pasar y lo que debes evitar a toda costa.

Mantente (no solo en sentido figurado) en modo turista

Así pues, este sistema funciona a la perfección siempre que lo estructures todo de forma clara y tengas en cuenta todo lo que hemos comentado: sin vínculos duraderos, sin pareja australiana, sin meterte en el proceso para conseguir la residencia permanente, sin actividades que puedan considerarse claramente como ejercicio de una actividad laboral en Australia…

Los contratos de alquiler a largo plazo, la compra de inmuebles o el inicio de actividades económicas predominantes a nivel local podrían verse, en principio, como indicios de una intención de quedarse de asentarse en el país. En la práctica, estos últimos rara vez suponen un problema, pero quien quiera seguir este modelo de forma realmente limpia y seguro, lo mejor que puede hacer es vivir en modo turista durante todo el tiempo que esté en Australia.

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Durante este tiempo, hemos ayudado a constituir miles de sociedades en el extranjero —desde las populares LLC estadounidenses hasta las sociedades en Chipre o Bulgaria.

Al mismo tiempo, hemos ayudado a nuestros clientes a conseguir residencias que encajasen con su plan de vida: libres de impuestos o, al menos, con una fiscalidad baja; a veces como bandera de protección para el cumplimiento normativo, otras como base de operaciones para su estilo de vida.

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