Existen muchos países en los que simplemente por el hecho de vivir o de haber nacido allí (a veces incluso simplemente por pasar por allí) estás obligado a vacunarte. Esto es algo que hemos de tener muy en cuenta a la hora de elegir dónde vivimos o dónde queremos tener a nuestros hijos.

Una de las primeras cosas en las que pensamos cuando se habla de «intervención gubernamental» y de «abuso gubernamental» es en el robo coercitivo en forma de impuestos. Sin embargo, los abusos del Estado no se quedan ahí, sus ataques a nuestra libertad nos afectan en todas las áreas, etapas y aspectos de tu vida.

De hecho, en muchos países ya se ha normalizado el abuso sobre la salud y el propio cuerpo, en forma de vacunaciones obligatorias… entre otras cosas.

Es tan natural hoy en día creer que el Estado y su intromisión en nuestras vidas son necesarios que muchos, son incapaces imaginarse una vida sin él. Al fin y al cabo, el Estado es lo único que mantiene el orden en nuestra sociedad y nos permite vivir una vida civilizada, ¿no es así? Al menos eso es lo que la mayoría ha aprendido de sus padres, y lo que los abuelos enseñaron a dichos padres, y así sucesivamente. Por esta razón muchos aceptan e incluso aplauden la vacunación obligatoria, así como cualquier intromisión en nuestra vida por parte del Estado.

Se trata de un asunto controvertido porque afecta a la salud y, a menudo, se ve como algo bienintencionado. Sin embargo, aunque tú consideres que algo es «realmente bueno», NUNCA deberías obligar a otros a hacer lo mismo, mucho menos en contra de su voluntad.

Quienes prefieren no vacunarse se enfrentan a los prejuicios de los demás, que asumen automáticamente que quieren hacer daño a la gente… pero, ¿es realmente así? Esencialmente, se trata de personas que quieren protegerse de algo en lo que no creen y que se creen con derecho hacer con su propio cuerpo lo que quieren.

Si uno no quiere vacunarse, debe aceptar conscientemente los riesgos, igual que quien conduce con exceso de velocidad por la autopista conoce los riesgos y, aun así, no suelta el pie del acelerador.

Nuestro equipo de Librestado está compuesto por personas inmunizadas contra todo tipo de afecciones y por gente que no lo está en absoluto. Cada cual puede decidir con su propio cuerpo lo que considere mejor para sí mismo. Esa es la idea libertaria básica, que luego queda delimitada por los derechos de propiedad privada. Naturalmente, las organizaciones o grupos en los que se reúnen las personas deben poder decidir por sí mismas si exigen vacunarse o no. Por tanto, quienes no se vacunen deberán vivir con las consecuencias de su decisión, o sopesar sus riesgos y beneficios.

La cuestión de la vacunación obligatoria en el contexto de Librestado se articula en dos ámbitos principales en relación con la libertad: por un lado, el de las consecuencias de la residencia, la ciudadanía y el turismo de nacimiento; y por el otro, el de la no agresión a la propiedad privada.

Cuando el gobierno se obsesiona con decidir qué debes y qué no debes inyectarte en el cuerpo

La decisión de vivir permanentemente en un país determinado o de obtener un permiso de residencia o domicilio en dicho país, así como de adoptar una ciudadanía concreta, es una elección personal que debes tomar siendo consciente de las «obligaciones jurídicas y sociales» que conlleva.

Los requisitos nacionales de vacunación se aplican a todos los niños que viven dentro de las fronteras del país, independientemente de su nacionalidad. Esto incluye tanto a los nacionales como a los residentes permanentes o temporales. Sin embargo, los nacionales de un país con vacunación obligatoria que viven en el extranjero no suelen estar sujetos a estos requisitos de inmunización.

Este mapa de Our World in Data muestra las distintas posturas internacionales en relación a la vacunación obligatoria:

El tratamiento de los requisitos de inmunización varía considerablemente en todo el mundo, y va más allá de la simple enumeración de vacunas obligatorias: mientras que algunos países «recomiendan» determinadas vacunas, otros las hacen obligatorias. Por tanto, es crucial comprender qué países apoyan generalmente la idea de la inmunización obligatoria y cómo se manifiesta esto en sus leyes y normativas.

La vacunación es obligatoria para los recién nacidos en estos países:    

Albania, Andorra, Angola, Antigua y Barbuda, Arabia Saudí,  Argentina, Azerbaiyán, Bahamas, Barbados, Bélgica, Belice, Bután, Bosnia y Herzegovina, Brasil, Brunéi, Bulgaria, Chile, Corea del Sur,  Costa Rica, Croacia, Cuba, Ecuador, Egipto, El Salvador, Eslovaquia, Eslovenia, Etiopía, Filipinas, Francia, Gabón, Guam, Guatemala, Guayana Francesa, Indonesia, Irán, Islas Marshall, Islas Vírgenes Británicas, Italia, Jamaica, Jordania, Kazajstán, Kuwait, Lesoto, Letonia, Liberia, Libia, Macedonia del Norte, Malí, Malta, Mayotte, México, Micronesia, Mónaco, Mongolia, Montenegro, Nepal, Nicaragua, Nigeria, Nueva Caledonia, Omán, Pakistán, Palau, Panamá, Perú, Polinesia Francesa, Polonia, Puerto Rico, Qatar, República Checa, Samoa, San Marino, Serbia, Singapur, Siria, Somalia, Surinam, Taiwán, Tayikistán, Trinidad y Tobago, Túnez, Turkmenistán, Uganda, Ucrania, Uruguay, Uzbekistán, Venezuela y Vietnam.

Otro aspecto es el estudio de los países en los que la vacunación no es generalmente obligatoria, pero que sí se exige para asistir a la escuela. Esto puede considerarse una forma de coacción indirecta, especialmente porque la una educación determinada por el Estado es un requisito obligatorio en muchos países, y los padres suelen tener alternativas limitadas. Esta política plantea un dilema a las familias, especialmente si son residentes o ciudadanos del país en cuestión.

En estos países la vacunación es obligatoria para acceder a la escuela:

Alemania, Chipre, Colombia, Dominica, Estados Unidos, Granada, Grecia, Guyana, Honduras, Irak, Islas vírgenes de EE.UU., Kirguistán, Maldivas, Moldavia, Paraguay, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, y Emiratos Árabes Unidos.

Ciudadanía y vacunación

La ciudadanía por derecho de nacimiento, o «ius soli», se refiere a un régimen por el cual a los niños nacidos dentro de las fronteras de un país se les concede automáticamente la ciudadanía de dicho país, independientemente de la nacionalidad de sus padres. En todo el mundo, solo 33 países y dos territorios practican esta forma no restringida de ciudadanía por derecho de nacimiento. Además, otras 32 naciones aplican una forma restringida de ciudadanía por derecho de nacimiento.

En el siguiente mapa puedes ver la correlación de los países que aplican el ius soli y los países con vacunación infantil obligatoria:

¿Y por qué resulta tan importante todo esto?

Porque obtener la nacionalidad a través del turismo de nacimiento y no a través de la inversión o de una estancia más larga en el país suele tener consecuencias en forma de vacunaciones obligatorias para el recién nacido.

Si estás en contra de estas medidas y quieres evitar sufrirlas, deberías informarte sobre la situación global.

La posibilidad de adquirir una segunda ciudadanía por nacimiento abre perspectivas y oportunidades más amplias, especialmente para los Perpetual Travellers y los apátridas. Aunque no suele ser la primera consideración de los alemanes, la ciudadanía tiene implicaciones a corto, medio y largo plazo; y es un elemento fundamental de la teoría de las banderas.

De hecho, podemos ayudarte a nacionalizarte en casi cualquier país, ya que contamos con socios locales de confianza y una amplia red de contactos. Gracias a ello, podemos encontrar diferentes soluciones para cada caso. Si estás interesado, ponte en contacto con nosotros.

En uno de nuestros artículos más recientes, analizamos el turismo de nacimiento en Argentina, cuya práctica ofrece a muchos la ventaja de obtener un segundo pasaporte. Este tema es especialmente relevante en el contexto de la política de vacunación en Argentina. Como te explicamos en dicho artículo, Argentina apoya (todavía) la vacunación obligatoria. Queda por ver si el presidente anarcocapitalista Javier Milei cambiará (si es que realmente puede cambiar) este escenario.

En pocas palabras: si estás en contra de cualquier tipo de vacunación, evita dar a luz y residir en los países naranjas y amarillos del primer mapa.

Presta atención también a las normas de entrada y residencia

Además, algunos países pueden exigir a los viajeros una prueba de determinadas vacunas como parte de sus requisitos de entrada.

En algunos países, sobre todo en zonas de África y Sudamérica, puede exigirse una prueba de vacunación contra la fiebre amarilla, dependiendo de tu historial de viajes y de tu lugar de procedencia. Las vacunas habituales, como las del sarampión, las paperas, la rubéola, la difteria, el tétanos, la tos ferina y ahora la COVID-19; se comprueban con frecuencia para garantizar que la gente está al día. A menudo se deniega el embarque en los vuelos a las personas que no disponen de un certificado actualizado de vacunación contra la fiebre amarilla, especialmente cuando se viaja entre países sudamericanos considerados de riesgo. Un desvío deliberado a través de países sin riesgo puede ayudarte a evadir esta obligación.

En los países con mayor riesgo de tuberculosis pueden existir, entre otras cosas, una vacuna o prueba obligatoria. Además, algunos empleadores, sobre todo en los sectores sanitario y educativo, pueden exigir determinadas vacunas a sus empleados.

La lista es interminable… pero puedes encontrar información detallada y una lista completa de los requisitos de cada país en la publicación de la OMS sobre requisitos y recomendaciones de vacunación para viajeros en el extranjero.

¿Deben ser obligatorias las vacunas?

Dicho de otro modo, ¿debería el Estado tener derecho sobre mi propio cuerpo?

Si lo plateamos en estos términos, la respuesta es lógicamente NO, NO y DEFINITIVAMENTE CLARO QUE NO.

Pero ¿por qué resulta tan difícil de entender que debemos poder elegir libremente también en cuanto a las vacunas? Al fin y al cabo, hablamos básicamente de lo mismo.

El problema de imponer una obligación respaldada por LEYES y SANCIONES es que no son ni más ni menos que opiniones arbitrarias de desconocidos que en un momento dado ostentan el poder.

El tema de las vacunas se entremezcla con la discusión de la propiedad privada porque al final es más «conveniente» para el gobierno imponer una serie de obligaciones basadas en el miedo:

  • Si no vacunas a tus hijos tal y como prescribimos, morirá.
  • Si no envías a tu hijo a la escuela en los términos que ordenamos, será estúpido y no encontrará un trabajo (con el que pagar impuestos).
  • Sin vacunación obligatoria, no serás capaz de cuidar de tus hijos, que estarán desatendidos y serán un peligro para otros niños y para la sociedad en general.

Dado que la vacunación es un tema complejo, vamos a desarrollar algunas ideas y principios con los que esperamos aclarar muchos de los conceptos que subyacen tras la «buena intención» del gobierno.

Para empezar, si no estás de acuerdo con las afirmaciones anteriores, no deberías posicionarte a favor de ninguna vacunación obligatoria (ni de otras imposiciones estatales).

Detrás de quienes apoyan estas medidas encontramos un prejuicio repulsivo que nos hace creer que el Estado es el bueno y que las personas son intrínsecamente malas —y que solo entrarán en razón con la ayuda del Estado—.

Las personas tendemos a tomar las decisiones que consideramos mejores para nosotros mismos. Esto puede manifestarse en diversas opciones vitales, como elegir entre trabajar intensamente para ganar (aún) más dinero; u optar por un trabajo a tiempo parcial que te permita disponer de más tiempo para dedicar a tu familia. Lo que se considera «mejor» es subjetivo y no debería quedar determinado por las normas sociales, sino que debería poder escogerse individualmente.

Cuando se trata de criar a los hijos, la responsabilidad principal recae en los padres, que tienen derecho a educar a sus hijos según sus propias ideas y valores. Las diferencias de opinión sobre los métodos de paternidad y educación son naturales, y cada uno es libre de tomar decisiones sobre su propia vida familiar que puedan diferir de las de otras familias. Consideramos que debe aplicarse el principio de «vive y deja vivir», para que cada persona pueda seguir sus propios enfoques particulares de paternidad sin juzgar ni influir en los de los demás.

Vacunarse es una decisión privada de cada uno, y la vacunación obligatoria no deja de ser una grave intromisión en los derechos fundamentales. Desde luego, si no quieres vacunarte, puedes contar con Librestado para ayudarte a vivir la vida que te pertenece y ejercer tu derecho sobre el propio cuerpo.

«No sabes cuidar de ti mismo»

Suena extremadamente dura, pero esta es exactamente la visión que los gobiernos (es decir, los políticos) tienen de ti.

La injusticia suele empezar así: una minoría de personas se cree mejor —más inteligente, más experimentada, más capaz, más rica, más bienintencionada, más sabia, etc.— que tú y que la mayoría de la gente. Basándose en esta «supremacía», esta minoría se otorga a sí misma el poder sobre tu vida y sobre la vida de otras personas bajo la premisa de «cuidar de ti» y «dirigir tu vida».

Creen que están en condiciones de tratarte con condescendencia, controlar tu vida y tomar decisiones por ti. Dicen que actúan «por tu propio bien», porque necesitas que te salven de ti mismo (como lo oyes) y de los demás.

El problema es que este grupo de terribles personas no se limita a tu país, sino a todos los lugares donde hay un gobierno, por desgracia; la diferencia es que unos quieren «más influencia» y otros prefieren tener «menos influencia» sobre tu vida… pero básicamente todos creen que deben tener poder sobre ti de una u otra manera.

Y si no estás de acuerdo con ellos, lo considerarán una prueba de que eres un «ser humano despreciable» que necesita más «ayuda». ¿Cómo es posible que alguien pueda estar en desacuerdo con una persona tan ilustrada e inteligente que quiere salvar el mundo? Así es como llegan a la conclusión de que tienen que obligarte a cosas (como la vacunación, escolarización, etc. obligatorias) sin siquiera pedirte opinión, basándose en estudios científicos, expertos u otras autoridades que apoyen lo que proponen.

En lugar de intentar «culpar» a alguien por transmitir un virus, cada uno debería pensar en cómo quiere afrontar el riesgo de contagio. Igual que no deberíamos culpar a nuestro entorno de los fracasos en nuestra vida, tampoco deberíamos hacerlo por nuestras enfermedades.

También si no sabes lo que quieres o qué es lo mejor para ti, deberías tener la libertad de decidir, tomarte tu tiempo para reflexionar y escoger tu propio camino de acuerdo a tus necesidades. No tomar la iniciativa y decidir por ti mismo es también una decisión por sí misma.

Cada individuo debe ser responsable de sí mismo, sin atacar, forzar ni presionar a otras personas y determinar sus vidas, o de lo contrario no serías mejor que el Estado.

Una cosa es segura: el Estado es el virus y la libertad la única vacuna efectiva contra él.

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