Sí, has leído bien, hoy queremos hablar sobre el cambio climático y sobre lo probable o improbable que podrían ser nuevos confinamientos, esta vez, debidos a la, en palabras de los medios de comunicación y gobiernos, terrible crisis climática en la que nos encontramos.

Después de la maravillosa experiencia de meses encerrados en nuestras casas durante el COVID-19, los gobiernos están tan encantados con la experiencia que se plantean repetirlo, pero esta vez para proteger el «clima» (vete tú a saber lo que se entiende por clima aquí).

Los medios de comunicación hablan a menudo del cambio climático. Cuando alguien habla del cambio climático, se refiere al enfriamiento o calentamiento del clima de la Tierra a lo largo de un extenso período de tiempo, es decir, del cambio que sufren a largo plazo condiciones como la temperatura, las precipitaciones o las corrientes oceánicas El cambio climático no es ninguna novedad. Cuando los medios de comunicación hablan de cambio climático, realmente se refieren al calentamiento global, que es un ejemplo de las consecuencias del cambio climático.

Este es uno de los temas más recurrentes para los políticos, que lo utilizan como pretexto para la intervención y el paternalismo. Por supuesto, también de numerosas instituciones y asociaciones e incluso científicos y supuestos expertos, que ven en el cambio climático su gallina de huevos de oro. Toda una generación, con el consentimiento del gobierno y, en parte, apoyo de sus padres, propaga el miedo en las escuelas, es decir, en el sistema de adoctrinamiento escolar forzoso (del que, por cierto, deberías tratar de sacar a tus hijos cuanto antes), o amenaza el estilo de vida de los demás con sentadas y manifestaciones.

¿Por qué se habla tanto en los medios de comunicación sobre el cambio climático?

No puede pasar ni un día sin que se trate de alguna manera el cambio climático en los medios. Por un lado, tenemos los debates políticos sobre proyectos de ley que presumiblemente pretenden contrarrestar el cambio climático. Por otro lado, se nos informa a menudo sobre los escenarios climáticos catastróficos que nos golpearán en el futuro o que ya lo están haciendo —tal y como sucedió hace años con el coronavirus—. El mensaje está claro: «necesitamos» que el gobierno nos proteja cual superhéroe de los enemigos (incluidos los invisibles) y de los desastres que provocamos.

Ya hemos encontrado una o dos razones por las que se informa con tanta insistencia acerca del cambio climático. Naturalmente, resulta más fácil para los políticos aprobar decisiones administrativas —como el impuesto sobre el CO2— si se infunde constantemente miedo en la gente. Seguro que esta estrategia te resulta familiar: ¿recuerdas los informes sobre el invierno pasado en los que se decía que todo el mundo se congelaría y que la economía se desplomaría debido a la crisis energética? Miedo, miedo, miedo y manipulación sensacionalista.

La segunda razón es, naturalmente, la «educación y difusión de la información» (adoctrinamiento se podría decir), que no deja de ser la principal labor del periodismo. El hecho de que la información sea correcta o no es una cuestión discutible —y, en cualquier caso, es otro tema que no les concierne—.

Sin embargo, para llegar al fondo de esta cuestión, primero tenemos que aclarar en qué consiste exactamente el cambio climático. Para ello, examinaremos en este artículo tanto las causas como las consecuencias de este fenómeno.

¿Cuáles son las causas del cambio climático?

Se considera que la principal causa del cambio climático es el efecto invernadero. Algunos gases de la atmósfera terrestre actúan de forma similar al cristal de un invernadero: aunque el calor del sol puede entrar, los gases impiden que irradie de vuelta al espacio, lo que provoca que la tierra se caliente.

Gran parte de estos gases de efecto invernadero son componentes naturales de la atmósfera terrestre. La concentración de alguno de estos gases ha aumentado debido a las actividades humanas o al consumo urbano de, por ejemplo, materiales de construcción, alimentos, ropa y textiles, transporte privado, electrónica y electrodomésticos, así como a la aviación privada. Este consumo y actividad aumenta concretamente los siguientes gases:

  • Dióxido de carbono (CO2)
  • Metano
  • Óxido nitroso
  • Gases fluorados

Sin embargo, también existen causas naturales del cambio climático —como ya hemos mencionado, el cambio climático no es ningún fenómeno nuevo—. El clima fluctúa constantemente y nunca se mantiene estable. La variabilidad natural del clima puede verse afectada por la radiación solar, el polvo y el azufre de las grandes erupciones volcánicas, los impactos de meteoritos y los cambios en la órbita de la Tierra a lo largo del tiempo. Sin embargo, según el informe «The Future of Urban Consumption in a 1.5ºC World», el consumo urbano es uno de los principales impulsores de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

En cualquier caso, cada día más científicos se oponen a esta corriente dominante. Si te interesa, puedes analizar tú mismo el mito del cambio climático provocado por el hombre con la ayuda de los siguientes estudios. Se trata tan solo una fracción de cuanto se ha publicado a este respecto, cuya lectura recomendamos encarecidamente. ¿Sabías que desde 1750 solo el 23 % del CO2 producido por el hombre ha llegado a la atmósfera?

¿Cuáles son las consecuencias del cambio climático?

Los medios de comunicación a menudo se recrean en las consecuencias del cambio climático, por lo que probablemente seas capaz de responder a esta pregunta por ti mismo. Pongamos algunos ejemplos para refrescar la memoria: al tratar el cambio climático se suele mencionar la extinción de especies, el aumento del número e intensidad de fenómenos meteorológicos adversos (como olas de frío y calor, sequías, huracanes, inundaciones e incendios forestales) y el deshielo de los glaciares.



Además, también hay otras consecuencias como el calor extremo, la inseguridad alimentaria o la escasez de agua, que afectan sobre todo a los habitantes de las ciudades (como ilustra la gráfica anterior). Esta imagen forma parte de un informe cuya visión no compartimos en absoluto (para comprender nuestra perspectiva puedes consultar cualquiera de los estudios que te hemos facilitado) pero, para ilustrarlo todo mejor, adoptaremos la corriente de pensamiento dominante en relación al cambio climático.

Puedes echar un vistazo a estudios de este tipo por ejemplo aquí.

Un mundo feliz (a 1,5 °C)

También se han establecido medidas para reducir el impacto del consumo urbano en consonancia con la limitación del calentamiento global a 1,5 °C. Este 1,5 °C proviene del Acuerdo de París, en el que se estableció que el aumento de la temperatura global anual debe limitarse a 1,5 °C siempre que sea posible (en cualquier caso, muy por debajo de 2 °C en comparación con la era preindustrial). En 2018, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó un informe especial sobre el calentamiento global, que muestra que un calentamiento anual medio de 1,5 °C es el único objetivo factible para mantener un entorno global habitable.

El consumo urbano como principal motor

Como ya hemos mencionado, el consumo urbano es el principal responsable de las emisiones de gases de efecto invernadero, pero, ¿por qué es el consumo urbano el principal culpable? Porque las emisiones basadas en el consumo suman un impacto climático total que resulta, aproximadamente, un 60 % superior al de las emisiones basadas en la producción. Las emisiones basadas en el consumo son la suma de todas las emisiones que se acumulan desde la extracción de materias primas hasta la producción, el transporte, el propio consumo y la eliminación de los residuos resultantes.

En el caso de la ropa, por ejemplo, también se tienen en cuenta las emisiones generadas durante el lavado. A diferencia del enfoque basado en la producción, que es la norma actualmente, de este modo también se tienen en cuenta las emisiones procedentes de actividades fuera de los límites geográficos. Además, se ha establecido una correlación entre el PIB (Producto Interior Bruto, medida del valor de los bienes y servicios de producción nacional) y el valor medio de las emisiones carbono por consumo per cápita. Esto quiere decir que cuanto mayor es el PIB, mayor la emisión por consumo per cápita, tal y como se muestra en la siguiente gráfica:

¿Cuál es la solución al problema?

Para evitar el colapso climático, «las emisiones del consumo urbano deben reducirse a la mitad para 2030». Para lograrlo, las emisiones de carbono procedentes del consumo en las ciudades de renta alta deben reducirse en dos tercios durante la próxima década. Pero, ¿por qué las ciudades de renta alta y no otras? Como ya hemos mencionado, se ha establecido una correlación entre el PIB y las emisiones de consumo per cápita. Los países con un PIB elevado suelen tener también una renta comparativamente alta. Además, las economías en rápido desarrollo necesitarán adoptar pautas de consumo sostenibles a medida que crecen.

En el siguiente cuadro se detallan las medidas que «es necesario adoptar»:

Categoría Intervenciones en el consumo Reducciones de emisiones por categoría entre el 2017 y el 2030 Reducciones de emisiones por categoría entre el 2017 y el 2050
Ropa Reducción del número de prendas nuevas y de los residuos en la cadena de suministro 39 %

(del cual solo la reducción del número de prendas nuevas supone un 37 %)

66 %

(del cual solo la reducción del número de prendas nuevas supone un 64 %)

Alimentación Cambio dietético: comer de acuerdo con las recomendaciones sanitarias y reducir el consumo de carne y lácteos

–        Reducción de los residuos domésticos

–        Reducción de los residuos en la cadena de suministro

36 % (del cual solo el cambio de dieta supone el 27 %) 60 % (del cual solo el cambio de dieta supone el 45 %)

 

Viajes Reducción del número de vuelos, introducción de combustibles sostenibles en la aviación 26 % (del cual solo la reducción del número de vuelos supone el 18 %) 55 % (del cual solo la reducción del número de vuelos supone el 31 %)
Vivienda Mejora en la eficiencia de los materiales y la utilización de los edificios. Transición a materiales con bajas emisiones de carbono

(como, por ejemplo, el cemento con bajas emisiones de carbono), reutilización de los componentes de los edificios

26 % (del cual solo la mejora en la eficiencia de los materiales y la mejor utilización de los edificios supone un 18 %) 44 % (del cual solo la mejora en la eficiencia de los materiales y la mejor utilización de los edificios supone un 29 %)
Vehículos Reducción del número de automóviles y aumento tanto de la vida útil de los vehículos como de la eficiencia de los materiales 28 % (del cual solo la reducción del número de automóviles supone un 24 %) 39 % (del cual solo la reducción del número de automóviles supone un 31 %)
Tecnologías de la información

(IT)

Optimización de la vida útil de los dispositivos informáticos 18 % 33 %

 

Una gran parte de estas acciones depende de las personas de forma individual, pero el individuo no puede cambiar el funcionamiento de la economía mundial. Por eso, los alcaldes, las comunidades y ciudades en general, las empresas y los consumidores particulares tienen que trabajar unidos. Al menos eso es lo que dice el informe.

No se proponen impuestos sobre el CO2, como los que ya han introducido múltiples gobiernos (toda la UE, Reino Unido, Canadá…).

Confinamientos climáticos como medida para aplicar las intervenciones

Lamentablemente, estos descubrimientos y los que se hicieron patentes durante el confinamiento del coronavirus inspiraron entre los políticos la idea de un confinamiento por motivos medioambientales. La científica Mariana Mazzucato comparte esta opinión, que plasmó en un artículo para Project Syndicate: «En un futuro cercano, el mundo podría verse obligado a recurrir de nuevo a los confinamientos, esta vez para combatir la emergencia climática […] En un “confinamiento climático”, los gobiernos limitarían el uso de coches particulares, prohibirían el consumo de carne roja e impondrían medidas extremas de ahorro energético, además de impedir a los productores de combustibles fósiles seguir perforando».

Quien piense que esto no es más que otra fantasía conspiranoica, probablemente no tenga en cuenta que la limitación de libertad de movimiento ya existe en muchos países fuera y dentro de Europa, como por ejemplo en España. Se le conoce como “zona de bajas emisiones”.

Por si tienes la suerte de no saber de lo que hablamos. Las zonas de bajas emisiones son áreas designadas en las ciudades donde se restringe el acceso a los vehículos más contaminantes (o a los vehículos de personas que no viven allí) para mejorar la calidad del aire.

En Alemania, el ministro de Sanidad alemán Karl Lauterbach (del partido socialista) presentó su plan de acción para la «protección sanitaria contra el calor» en junio de 2023. El núcleo del plan de Lauterbach es la «educación». Se lanzarán campañas con carteles y se desarrollará una especie de concepto de alerta. El autor, Reitschuster también habla del regreso de las restricciones a la vida pública y la libertad personal en este contexto.

Además, unas 100 ciudades ya han formado una coalición denominada «C40 Cities Climate Leadership Group» (o C40 para abreviar). A menudo resulta difícil establecer con certeza de si este movimiento es real o no, ya que los medios de comunicación se dejan llevar a menudo por el sensacionalismo. Algunos afirman que es mentira, mientras que otros aseguran que es real. Lo que sí sabemos con certeza es que los políticos suelen exponer ideas en los medios de comunicación y, si estas ideas obtienen una respuesta favorable por parte de los ciudadanos, puede que terminen poniéndolas en práctica —y si la respuesta es negativa, lo tachan de fake news y listo —.

Puede que su objetivo sea llamar la atención.

Estas ciudades quieren alcanzar los objetivos del Foro Económico Mundial para 2030 y, para lograrlo, se han comprometido a introducir las siguientes normas para sus residentes:

  • 0 kg de consumo de carne
  • 0 kg de consumo de productos lácteos
  • 3 prendas de ropa nuevas por persona y año
  • 0 vehículos de propiedad privada
  • 1 vuelo de corta distancia (menos de 1500 km) cada 3 años por persona

El director de la organización es Michael Bloomberg, que también se encarga de la mayor parte de la financiación. Puedes encontrar un pequeño extracto de la lista de los países C40 a continuación. Resulta especialmente chocante la altísima proporción de ciudades europeas:

  • Aarhus (Dinamarca)
  • Alenzón (Francia)
  • Ámsterdam (Holanda)
  • Barcelona (España)
  • Belfast (Reino Unido)
  • Bergen (Noruega)
  • Berlín (Alemania)
  • Bonn (Alemania)
  • Brașov (Rumanía)
  • Budapest (Hungría)
  • Londres (Reino Unido)
  • Essen (Alemania)
  • Florencia (Italia)
  • Frankfurt (Alemania)
  • Ginebra (Suiza)
  • Gütersloh (Alemania)
  • Hamburgo (Alemania)
  • Hannover (Alemania)
  • Heidelberg (Alemania)
  • Helsingborg (Suecia)
  • Helsinki (Finlandia)
  • Ittre (Bélgica)
  • Constanza (Alemania)
  • Cracovia (Polonia)
  • Lausana (Suiza)
  • Lisboa (Portugal)
  • Liubliana (Eslovenia)
  • Łódź (Polonia)
  • Madrid (España)
  • Milán (Italia)
  • Múnich (Alemania)
  • Münster (Alemania)
  • Nové Město na Moravě (República Checa)
  • Oslo (Noruega)
  • París (Francia)
  • Pforzheim (Alemania)
  • Praga (República Checa)
  • Reikiavik (Islandia)
  • Riga (Letonia)
  • Ruse (Bulgaria)
  • Espira (Alemania)
  • Estocolmo (Suecia)
  • Viena (Austria)
  • Varsovia (Polonia)
  • Zúrich (Suiza)

Por si te lo preguntabas, lo más probable es que todas estas medidas se rastreen y controlen mediante CBDC monedas digitales.

Lo más increíble será que la gente acabará aceptándolo sin más y lo considerará normal —o incluso justo y necesario—.

Y si quieres defender tu libertad e impedir que la someta un grupo de personas que se atribuyen el poder de decidir por todos, te vuelves automáticamente un genocida «enemigo de la sociedad» a sus ojos. Te acusarán de querer que la gente muera a causa de un virus o del cambio climático y de querer destruir el mundo. ¡Cómo no! Lo cierto es que una vez se produce el lavado de cerebro en la población de un país, resulta muy complicado revertir el proceso —esto va mucho más allá del «sálvese quien pueda»—.

Las primeras restricciones ya están en vigor

Mucha gente lo desconoce, pero en mayo de 2021 el Gabinete Federal alemán aprobó la Ley del Clima. Con esta ley, Alemania se ha fijado unos objetivos ciertamente ambiciosos, centrados en reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Más concretamente, Alemania pretende con esta ley reducir sus emisiones de estos gases casi al 0 % para 2045 —estas medidas usan los niveles de 1990 como punto de comparación—. El impuesto sobre las emisiones de CO2 también se deriva de esta ley. Otra declaración del Tribunal Constitucional Federal indica que la legislación de protección del clima sí está autorizada a restringir fundamentalmente la libertad de los alemanes.

Como sabemos, en la Unión Europeo las cosas funcionan así, Alemania introduce las nuevas leyes y luego se extienden mediante directivas al resto de países.

Por cierto, otra cosa que aprendemos aquí es cómo se «crean» los impuestos:

  • Eliges o inventas un problema
  • Construyes una historia alrededor de dicho problema
  • Bombardeas con miedo a la gente
  • Te presentas como el salvador de la nación y propones resolver el problema
  • Creas un movimiento que se asienta en la cultura de la gente y en el ideario popular
  • Lavas el cerebro a un sector de la población para que actúe como pequeño cuerpo de soldados defensores de tu idea
  • Cobras impuestos a toda la población para apropiarte de sus bienes, y amenazas con multas, sanciones y penas de cárcel a quienes te desafían y no hacen lo que quieres que hagan
  • Aseguras que los impuestos son una contribución a la sociedad
  • Conviertes a las personas en marionetas del Estado maniatados, amordazados y con un velo en los ojos.

Aun así, muchos seguirán esgrimiendo el argumento de que quien no paga impuestos es «mala persona», pero lo cierto es que nadie se para a pensar qué es lo que realmente financian esos impuestos. La verdad es que con los impuestos, los gobiernos no solo te roban el dinero, sino también la libertad.

Confinamientos climáticos en otros países

Ya ha habido confinamientos climáticos en otros países, como el de Delhi (India) en noviembre de 2021, por ejemplo. En esa ocasión, los habitantes de la capital india no se quedaron en casa teletrabajando por la pandemia del coronavirus, sino por la emergencia sanitaria declarada por el Gobierno debido a los altos niveles de contaminación atmosférica. Los médicos indios han advertido de que respirar en Delhi durante un día es tan malo como fumar 20 cigarrillos. Las escuelas también permanecieron cerradas y las zonas en construcción paralizadas. La bulliciosa Delhi parecía una ciudad fantasma.

¿Ayudaría realmente un confinamiento a combatir el cambio climático?

Según el estudio de la profesora Le Quéré, durante el confinamiento del coronavirus se produjo una reducción global temporal de las emisiones de CO2 de hasta una sexta parte en comparación con el año anterior. Algunos países incluso alcanzaron una reducción media de alrededor del 26 %. Según los investigadores, esto se debió a las medidas adoptadas por los gobiernos. Más concretamente, la menor demanda energética, la reducción de la industria y la disminución del transporte fueron los aspectos que más repercutieron en el clima global.

Un ejemplo de ello lo tenemos en el 7 de abril de 2020. Ese día, las restricciones fueron especialmente severas en todo el mundo y, así, las emisiones de CO2 provocadas por el tráfico aéreo descendieron un 60 % con respecto al valor medio de 2019. Solo en China se ahorraron unas 242 megatoneladas de CO2 de enero a abril de 2020 —en Europa, con 123 megatoneladas, se ahorró algo más de la mitad que en el país asiático—. En comparación, el tráfico aéreo europeo en su conjunto emitió 163 megatoneladas de CO2 en 2019.

A pesar de todo ello, la profesora Le Quéré no considera que los confinamientos climáticos sean una solución a largo plazo, ya que las medidas son solo temporales…

La verdad es que la Tierra se ha calentado y enfriado constantemente a lo largo de los últimos siglos. Los seres humanos no hemos podido ser la principal causa de este fenómeno. Debe tratarse de otro agente que haya provocado estos cambios de temperatura global. Tal vez este fenómeno sea el principal causante del calentamiento global que sufrimos actualmente, aunque no podamos identificarlo. La clave es que necesitamos identificar la principal causa antropogénica del calentamiento global —suponiendo que realmente exista— antes de decidir cómo actuar.

Si quieres una nueva perspectiva sobre todas las falacias que se dicen y enseñan acerca del medio ambiente y el cambio climático, te animamos a echar un vistazo aquí (información en inglés): una nueva y valiosa perspectiva sobre cómo afrontar el problema de la forma más justa y eficaz sin limitar, restringir ni atacar tus libertades ni las de nadie —ni tampoco tus bienes—. Deja de escuchar a quienes solo quieren ahogarte a impuestos sin importarles en absoluto tu opinión ni libertad.

Y si quieres dar el salto y vivir una vida realmente tuya sin la amenaza de futuros confinamientos, ponte en contacto con nosotros.

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