Uno de los problemas más comunes a los que se enfrenta los empresarios desinformados que quiere ahorrarse impuestos montando una empresa offshore tiene que ver con la contabilidad.

En las consultas nos encontramos con numerosos casos de clientes que, sin habérselo mirado lo suficiente, han fundado una sociedad pantalla o empresa fantasma y de repente empiezan a perder todos sus clientes porque no pueden desgravar sus facturas.

En este artículo te explicaré por qué las empresas que no consisten más que en una dirección y un buzón de correo tienen problemas a la hora de expedir facturas, y qué necesitas para que acepten reconozcan tus facturas y puedan desgravarlas.

Hablamos también de países a los que afecta este problema y de las soluciones alternativas.

Reconocimiento de facturas offshore

La  aceptación de facturas expedidas desde jurisdicciones offshore no es un problema a nivel global, sino que depende de cada país.

Existen muchas autoridades fiscales en el mundo a las que no les importa desde qué país se emita la factura siempre y cuando el concepto sea válido. Y eso en los casos en los que se llega al punto de una inspección o auditoría fiscal, algo que en la mayoría de países no existe, o solo se hace cuando los ingresos superar el millón de euros.

En este aspecto, los países de habla inglesa, como Reino Unido y Estados Unidos, son bastante abiertos. Después de todo, ellos mismos son los mayores paraísos fiscales en el mundo, al menos para los extranjeros. Y además, muchos de los hoy paraísos fiscales han sido colonias suyas o siguen teniendo estrechas relaciones comerciales.

Por eso, en Reino Unido o EEUU no te van a poner problemas para aceptar facturas expedidas por sociedades en Panamá, Hong Kong o las Seychelles, por ejemplo (al menos siempre y cuando la factura tenga sentido).

Sin embargo, la cosa cambia en la Europa Continental. Especialmente en España o Alemania, donde puedes tener serios problemas si durante una auditoría se encuentran con una factura de uno de los típicos países offshore.

Si no eres capaz de demostrar lo contrario fundamentándolo con pruebas, la Hacienda en estos países no reconocerá el gasto y por lo tanto no podrás deducir el impuesto de la factura, es decir, desgravar la factura.

Es más, en el caso de España podrías haber entrado en falta por no retener una parte de lo pagado a tu proveedor, de forma que no solo no puedes desgravar la cantidad, sino que además tendrías que pagar los impuestos correspondientes a la sociedad offshore que expidió la factura.

Por mucho dinero que te ahorres en impuestos teniendo una sociedad offshore, si trabajas con empresas europeas y tus clientes no pueden desgravarse tus facturas (o van a sufrir inspecciones por tenerte como proveedor), esta desventaja acabará haciéndote perder la mayoría de tus clientes.

Por qué solo algunos clientes comerciales son problemáticos

Una de las preguntas fundamentales en toda consulta Librestado es quiénes son tus clientes. ¿Tus clientes son particulares o empresas y de qué países proceden?

Aparte del hecho de que las empresas españolas a menudo prefieren hacer negocios sólo con otras SL por motivos de seriedad y reconocimiento (y por desconocimiento de lo que han de hacer si tratan con empresas extranjeras), uno de los factores más importantes a tener en cuenta es el riesgo de no poder deducir la factura o de tener que retener dinero al proveedor.

Aunque una empresa fantasma funcione perfectamente con muchos modelos de negocios, su uso viene acompañado de ciertos problemas si tienes que facturar a empresas (B2B).

Si vendes productos digitales o asesoras sobre nutrición y fitness, lo normal es que trates con clientes finales. Estos últimos por lo general no requieren una factura reconocida, ya que de todos modos no pueden deducir lo pagado.

También si vendes productos de poco valor. Aunque tu cliente fuera el dueño de una sociedad española que compra un libro digital a una sociedad panameña o una alfombra en Dubai, por supuesto a nombre de su empresa para ahorrarse el IVA y desgravarse, no tendrá problemas. Después de todo puede demostrar que ha adquirido el producto y dado el bajo coste lo normal es que nadie se lo discuta.

Algo parecido ocurre en el caso de los ingresos por licencias o comisiones a terceros. Generalmente existe un contrato en el que quedan claras las condiciones bajo las que se distribuyen. Incluso si la sociedad que recibe el dinero se encuentra en una jurisdicción offshore, no suele haber problema para demostrar de dónde ha salido la comisión.

Considero importante destacar esos ejemplos porque todavía existe la creencia de que la aceptación de las facturas depende únicamente del país en el que se encuentra la empresa que emite la factura.

La realidad es que esto no es así, el que puedas desgravarte una factura depende sobre todo de lo plausible que sea el concepto, de que se pueda demostrar que realmente se ha recibido el servicio o producto.

El país desde el que se expide la factura es un indicio, pero no se tiene como factor decisivo.

Por supuesto, si expides facturas con una empresa canadiense, país miembro de la OCDE y de alta presión fiscal, no tendrás problemas aunque en realidad se trate de una LP exenta de impuestos.

La Agencia Tributaria no pondrá problemas a la hora de aceptar este tipo de facturas dado que sabe que las sociedades canadienses son transparentes y públicas y, por tanto, no son adecuadas para la evasión de impuestos.

Además, juega un papel importante que el funcionario de Hacienda seguramente no tenga ni idea de que se puede usar una LP canadiense para vender en cualquier lugar del mundo (menos Canadá) sin pagar impuestos. Seguramente  supondrá que dicha LP paga también altos impuestos en su país.

Por qué la credibilidad de una factura es fundamental

Al final lo realmente determinante no es el país de origen de una factura, sino su plausibilidad. Y en esto es en lo que las típicas sociedades offshore con sede en paraísos fiscales suelen fallar: las autoridades suelen dudar de su credibilidad.

De hecho, la primera idea que le surge a todo empresario que (inocentemente) se cruza por primera vez con el mundo offshore es generalmente montar una sociedad offshore y expedir facturas a su sociedad para así reducir los beneficios y disminuir su carga fiscal.

Por supuesto esto no funciona si no se toman ciertas precauciones y tiene varios problemas, empezando por las CFC rules y pasando por las reglas para operaciones entre sociedades relacionadas en alguna forma.

Así, lo que en principio parece buena idea se convierte en un infierno de sanciones y complicaciones debidas a las medidas contra la evasión de impuestos. Además de las ya nombradas tienes también el régimen de transparencia fiscal, la regla de administración efectiva.

Las empresas fantasma sin oficinas ni ningún tipo de establecimiento reales acaban siendo tratadas fiscalmente como si se tratase de una empresa nacional, entran en el régimen de transparencia fiscal.

Esto hace que, desde los países de alta presión fiscal, tales como Francia, Portugal, España, Alemania e Italia no puedas almacenar legalmente dinero pre-impuestos en una empresa offshore, ni siquiera si no lo tocas.

Hacerlo será ilegal a menos que te tomes la molestia de montar un local decente para la empresa offshore con oficinas habilitadas un director y empleados. Pero incluso entonces estará tendrás que tener mucho cuidado en las operaciones vinculadas (es decir las que se producen entre sociedades relacionadas).

Los precios tienen que ser los habituales en el mercado y debes poder demostrar que el servicio se ha producido (en el caso de venta de productos es más sencillo). Siguiendo esta norma, la empresa matriz podría cobrar a su subsidiaria por ciertas actividades administrativas (o al revés).

Claro que no a todos los empresarios les preocupa la legalidad y muchos constituyen de forma anónima su empresa offshore con la esperanza de que no les pillen. Luego expiden con ella facturas bajo el concepto de servicios de consultoría, un tipo de gasto frecuente en muchas compañías y difícil de verificar.

En realidad la consulta nunca se realiza y no se expide más que con la finalidad de reducir el beneficio imponible de la otra sociedad. Esto puede salir bien, o no, pero por supuesto conlleva un cierto riesgo y si tienes la sociedad offshore en un país al que desde España la empresa está obligada a retener dinero, no te servirá de mucho.

El problema de fondo: La inefectividad de la lucha contra la evasión fiscal

Si el evasor de impuestos monta su estructura empresarial correctamente, las autoridades fiscales no podrán establecer un vínculo entre la empresa offshore fantasma y la sociedad real de la que se quiere desviar parte del beneficio económico.

Eso es algo que las leyes surgidas a raíz de los últimos escándalos fiscales tampoco podrán cambiar. Estas normativas y leyes simplemente se usan para que el miedo aumente.

Ni la iniciativa BEPS, ni el intercambio de información automático, ni ninguna otra ley local tiene una solución real a la evasión fiscal y al final son los menos informados los que acaban siendo descubiertos.

Lo irónico es que las múltiples medidas adoptadas al final hacen que aumenten las posibilidades de que las sociedades pantalla se usen con éxito, dado que los políticos, funcionarios y burócratas creen verdaderamente en la efectividad de dichas leyes y piensan que ya nadie usa semejantes estructuras.

Si bien es cierto que las leyes que se han adoptado en estos últimos años pueden ser molestas y requieren ciertos reajustes en las estrategias, no han conseguido que quienes realmente saben cómo hacerlo dejen de utilizar las empresas fantasma de forma anónima.

No existen hoy por hoy los mecanismos globales necesarios para identificar a los beneficiarios económicos a nivel empresarial.

Incluso el registro de transparencia de la UE o los acuerdos bilaterales de intercambio de información entre países, así como el temido intercambio automático de información (que si has entendido bien se convierte en inofensivo) tienen sus vacíos legales.

Lo único que realmente resulta peligroso es la filtración de información. Esto es algo totalmente imprevisible, pero se puede evitar optando por trabajar con prestadores de servicios más pequeños (y por tanto de menor interés) en lugar de por grandes firmas como Mossack Fonseca, en el caso de Panama Papers, y Appleby, en el caso de los Paradise Papers.

Por todas las razones aquí mencionadas, el reconocimiento de facturas expedidas desde paraísos fiscales supone un gran problema para las autoridades tributarias, pues corren el riesgo de que para evitar impuestos, quien sea falsifique facturas o las expida sin que se realice ningún servicio.

Por eso, muchas autoridades fiscales han optado por no reconocer las facturas desde sociedades offshore poco transparentes o por invertir el sujeto pasivo y obligar a las empresas nacionales a retener una cantidad en origen para así asegurar que pagan impuestos si optan por no reclamar el dinero retenido (para lo cual tienen que identificarse).

Después de todo, para demostrar que se ha realizado una actividad, el evasor de impuestos probablemente tendría que revelar su identidad, algo que preferirá no hacer dada la ilegalidad de sus acciones.

Con ello, las autoridades fiscales nacionales consiguen controlar al menos una parte de la evasión fiscal global. Eso sí sigue sin ser mucho lo que pueden hacer para frenar la evasión mediante modelos de negocio trasladados totalmente a empresas fantasma.

En qué casos se reconocen las facturas desde sociedades en paraísos fiscales

En el caso de una desarrolladora de software que viviera en Panamá y facturase a través de su sociedad panameña, en principio, también sus facturas podrían ser aceptadas por la Hacienda en España, Alemania o el país que sea. Eso sí, probablemente sea la empresa que la contrata quien la rechace por miedo a que se presenten dificultades con las autoridades tributarias.

Si la persona detrás de la empresa no se esconde y aparece registrada y con todos sus documentos en regla, además de estar desarrollando un trabajo claro y que fácilmente puede verificarse. El reconocimiento de estas facturas no debería suponer ningún problema.

Para el caso de una posible inspección a la empresa que ha contratado los servicios de dicha programadora, la programadora podría haberles facilitado su certificado de residencia en Panamá y el certificado de registro de la empresa.

De esta forma quedaría claro que la suya no es una empresa fantasma, sino que tiene una empresa real detrás, con oficina y trabajadores (y aquí no importa que la oficina sea la propia casa y que la sociedad no tenga más que una trabajadora).

En lo que más se van a fijar desde Hacienda es en el concepto de la factura (y lo probable que sea que el servicio se haya producido), pero luego también en que la empresa extranjera tenga un lugar físico desde el que se produce la actividad y que exista algún tipo de número de seguridad social.

Sin duda, hablar de la historia de tu empresa, mantener una lista de grandes clientes y/o tener alguna foto en la web en la que se pueda ver al equipo y las oficinas, talleres o establecimiento que sea, contribuirán mucho a la credibilidad.

Al final la palabra clave aquí es: transparencia.

Investigar las direcciones que aparecen en las facturas es uno de los pasatiempos favoritos de los funcionarios de Hacienda.

En caso de dudas sobre la legitimidad de una factura, lo primero que harán será verificar si la dirección de la sociedad es única o la comparten varias empresas. Generalmente esto es algo que pueden descubrir con una simple búsqueda en internet.

Luego, con una simple llamada telefónica saben si la oficina es real y tiene alguien detrás o solo redireccionan llamadas.

En caso de existir dudas sobre legitimidad del establecimiento comercial (todos los proveedores offshore ofrecen una dirección comercial con reenvío de correspondencia y un número de teléfono local desde el que se responde a las llamadas), se puede mandar de vacaciones a ese lugar a los inspectores de Hacienda (esto es algo que se hace realmente, los paraísos fiscales suelen ser también muy atractivos para hacer allí vacaciones) y una vez allí se pasan para echar un vistazo a la supuesta oficina.

Antes de recurrir a esto se suelen emplear las redes sociales o incluso la herramienta de “Google Street View” para verificar la existencia de locales comerciales.

Los criterios para la aceptación de la factura

Al final, muchos países de la UE aplican el principio de “sustancia por encima de la forma”, de forma que para evitar problemas tiene que existir un establecimiento real desde el cual se opera el negocio.

Esta realidad puede subir mucho los costes de constitución de una empresa en el extranjero, sobre todo para aquellos que no lo tienen claro y piensan que pueden montar y administrar una empresa fantasma en Irlanda o Chipre simplemente porque son países en la UE.

Lo cierto es que en muchos países de la UE es obligatorio tener oficinas para poder solicitar un número de identificación fiscal europeo. Y el número de identificación intraeuropeo denota a su vez que se trata de una empresa seria que está al tanto de sus obligaciones y lleva una contabilidad que puede presentar y verificarse en caso de duda.

Esta es la razón por la que las sociedades en la zona franca de los Emiratos Árabes Unidos pueden emitir facturas que se reconocen en España, Alemania y cualquier otro país, algo que las sociedades pantalla en la misma jurisdicción no pueden hacer.

Para constituir una empresa en la zona franca has de tener una oficina allí, aunque se trate de una mesa de escritorio plegable. Esto es lo que hace que Librestado pueda emitir facturas (aunque rara vez se solicite) y que estas sean deducibles.

El segundo factor decisivo a la hora de reconocer una factura es el número de seguridad social, algo que las autoridades fiscales también revisan.

Después de todo, la legitimidad de las empresas no radica únicamente en que dispongan de un local permanente, sino también en que mantenga empleados que paguen impuestos sobre la renta y contribuciones a la seguridad social.

Incluso si no existieran empleados, como mínimo el socio que se encargue de la administración debería estar cotizando a la seguridad social por su sueldo. Si no fuese así, esto probablemente levantaría a sospechas y, en caso de haber otros indicios, reforzaría las dudas sobre la legitimidad de la factura.

El ejemplo de la empresa en Delaware VS Canadá

En los últimos años, se han vuelto cada vez más populares las corporaciones estadounidenses en el estado de Delaware.

Esta una ubicación muy popular tanto para nuevas empresas como para grandes corporaciones, por su derecho de sociedades y derecho bursátil, y por no haber impuestos a nivel estatal (dichas empresas solo pagan impuestos federales).

Al mismo tiempo, Delaware es el único estado en EEUU en el que las corporaciones están potencialmente exentas de impuestos. Para esto, la empresa no debe tener oficinas ni empleados, no puede ser más que una empresa fantasma con ingresos y clientes fuera de EEUU.

Por su gran cantidad de negocios legítimos, Delaware lleva mucho tiempo sin ser un problema en lo que a la aceptación de facturas se refiere, incluso las de empresas fantasma.

Así, pese a ciertas restricciones, desde 2017 las LLC en Delaware siguen siendo populares. Continúa siendo prácticamente imposible diferenciar las sociedades pantallas de las empresas nacionales reales si lo único que haces es fijarte en la factura.

Sin embargo, por esta misma razón, las autoridades fiscales cada vez se fijan más en este tipo de facturas, al menos si se trata de grandes cantidades y de alguna manera han llamado la atención durante las auditorías fiscales, más todavía si se trata de una LLC en Delaware.

Así, si no es posible encontrar un número de la seguridad social o de identificación fiscal local, o un establecimiento comercial local, puede que no se acepte la factura.

Como vemos, el país de origen de una factura solo se usa como indicio, pero en una auditoría los factores determinantes son los siguientes:

  1. la existencia de un número de Seguridad Social
  2. la existencia de un establecimiento físico adecuado para la actividad
  3. un registro transparente que permita saber quién se encuentra detrás de la sociedad
  4. una cuenta bancaria de empresa local (para que te abran una cuenta bancaria así a menudo se requiere una presencia física)

Al contrario de lo que ocurre con las LP en EEUU, las LP en Canadá, aunque técnicamente sean empresas fantasma, no tienen ningún problema con la facturación a otras empresas.

Además de la protección que otorga el desconocimiento de las posibilidades fiscales de este tipo de empresas, otra razón para que no haya problemas con el reconocimiento de este tipo de facturas es la existencia de un registro mercantil público en Canadá, registro que identifica claramente a los socios.

Aunque en el caso de las LP canadienses también puedes contratar los servicios de fiduciarios o emplear sociedades offshore a la hora de registrar la empresa, tan pronto como contrates servicios (financieros o del tipo que sea) de proveedores locales se sabrá quiénes serán los beneficiario de la empresa.

Por supuesto, Canadá no va a poner problemas a ningún Estado que quiera investigar a los dueños de ninguna de las empresas registradas en su jurisdicción.

Todo esto hace que, a diferencia de lo que ocurre con las LP y corporaciones en Delaware, las LP canadienses no sirvan para evadir impuestos.

Para poder aprovechar una LP canadiense el socio, ya sea persona física o no, deberá residir en un país sin impuestos.

Por qué los criterios para la aceptación de facturas son poco realistas en el mundo moderno

Cabe preguntarse si los anteriores criterios de tener establecimiento comercial y número de la seguridad social siguen teniendo sentido en un mundo con miles de modelos comerciales online rentables gestionados por nómadas digitales que viajan de un lado a otro con un simple portátil.

A pesar de que legalmente no están sujetos al pago de impuestos, a menudo les resulta difícil mantener una oficina, o como mínimo les supone una molestia y esfuerzo económico adicional innecesario. Sobre todo si estás empezando como freelancer, los costes suelen exceder los ingresos.

Al igual que necesitas una vivienda para abrir una cuenta bancaria o para cualquier trámite como persona física, tu negocio necesita una oficina para cualquier trámite como empresa.

Esto es algo que no va a cambiar a corto plazo, ya que donde no existen contratos de alquiler vigentes o una propiedad, tampoco hay ningún tipo de control.

Por supuesto, no hay nada que los gobiernos occidentales, los países de alta presión fiscal, teman más que la falta de control sobre empresarios flexibles y sin ataduras físicas dispuestos a abandonar el país en el que se encuentran si no se les trata bien.

Esto no significa que si estás empezando y no tienes suficientes ingresos como para que merezca la pena montar una sociedad en condiciones tengas que quedarte en tu país de origen para que te reconozcan tus facturas.

Como ocurre con muchas cosas en la vida el tamaño sí que importa, en este caso el importe de la factura. Puedes hacer facturas desde una LLC en Wyoming, por ejemplo o incluso sin factura (si tu cliente te lo acepta).

Eso sí, cuanto mayor sea el importe de tu factura o cuanto más frecuentes sean tus facturas para un mismo cliente, mayor será la probabilidad de generar sospechas y que lo investiguen.

Lo que pueden hacer las pequeñas empresas

Así, en muchos países existen reglamentaciones por las que se aceptan las pequeñas facturas automáticamente.

Por ejemplo, en Alemania está regulado que se reconozcan micro-facturas de hasta un total de 250 € siempre y cuando cumplen unas condiciones mínimas.

En dichas micro-facturas no hace falta incluir el número de identificación fiscal (NIF), sino solo un número de factura consecutivo, la fecha, el propósito de la factura, la dirección de la persona que ha expedido la factura y la del destinatario, así como el importe total y los datos sobre cómo se realizará el pago.

En teoría, también es posible trabajar al principio como freelancer sin residencia fiscal ni empresa, y cobrando tus trabajos en una cuenta bancaria privada.

Incluso si el total de la factura a una empresa alemana excediera los 250 €, esto no tiene por qué ser un problema. Siempre y cuando se pueda demostrar que se ha prestado un servicio y, en caso de duda, la persona pueda identificarse claramente, no debería haber problema incluso si los importes altos (pero esto depende totalmente de los países con los que trabajes, claro).

Y luego, claro, también tienes la opción de usar los servicios de empresas que facturen en tu nombre.

Como ves, aunque estés empezando como freelancer sin empresa no estás obligado a trabajar solo para empresas en paraísos fiscales. Eso sí, una vez alcanzado un cierto nivel de ingresos no tendrás otra opción más que fundar una empresa e incluso mostrar una pequeña oficina para poder demostrar que existe un vínculo real con la jurisdicción en la que tu empresa tiene su sede.

Cada país tiene sus propias reglas y funciona diferente

Si por ejemplo quisieras montar una empresa en Hong Kong porque allí puedes registrar una cuenta de PayPal para empresas, te sorprendería descubrir que para dar de alta la cuenta en Paypal, no solo necesitas una cuenta bancaria de empresa (lo que ya de por sí es bastante complicado), sino además un local físico.

Eso sí, el principio de territorialidad en Hong Kong podría activarse, de forma que tu sociedad dejase de tratarse como “offshore” y pasase a estar sujeta al 16,5% de impuestos sobre sociedades nacionales.

Cuando fundamos una sociedad offshore tenemos que medir muy bien lo que necesitamos.

Por un lado disponemos de libertad de impuestos, menos burocracia y seguridad ante requerimientos judiciales y responsabilidad social.

Pero por otro ciertos países no reconocen nuestras facturas y nos encontramos con dificultades para usar los servicios (especialmente los financieros) de ciertos proveedores.

Son muchos los clientes a los que hemos tenido que ayudar en las consultas Librestado porque tienen empresas offshore a las que no reconocían sus facturas o que se dejaban un montón de dinero en la mesa debido a las comisiones al recibir pagos con tarjeta de crédito o que estaban desesperados por la lentitud y altos costes de las operaciones desde bancos offshore (en algunos de ellos pagaban 50€ por una simple transferencia).

No solo hay que tener en cuenta la situación fiscal, sino toda la infraestructura que necesitas para que tu modelo de negocio funcione.

En muchos casos es preferible elegir un país europeo con pocos impuestos y una oficina y trabajador barato (como en el caso de Bulgaria), en lugar de una empresa fantasma sin impuestos pero con un montón de costes ocultos.

Con todo, las compañías offshore nunca desaparecerán porque sigue habiendo suficientes modelos de negocio que funcionan incluso con compañías fantasma anónimas.

Ya se trate de comercio, afiliación, venta de productos digitales o derechos y regalías, comisiones o la administración de los activos personales; al final el único problema es la aceptación de tus facturas por parte de empresas, sobre todo si se trata de sumas elevadas a países de alta presión fiscal. Pero incluso para eso hay soluciones alternativas como veremos a continuación.

Alternativas para que te reconozcan las facturas

A parte de optar por crear sustancia empresarial (oficina física y empleados) o por constituir la sociedad en una jurisdicción con buena reputación, tienes dos soluciones más: puedes montar tu propia subsidiaria de cobros o contratar a una agencia que se ocupe de facturar en tu lugar.

De forma muy resumida: La primera solución pasa por constituir una sociedad de forma adicional a tu empresa offshore. Esta nueva sociedad sería filial de la primera y se encargaría de la facturación.

Debe firmar un contrato de transferencia de beneficios con la empresa matriz offshore de forma que pueda transferir el dinero sin tener problemas.

Esta es una práctica común entre sociedades chipriotas o inglesas, entre otras, allí es legal trasladar buena parte de los beneficios antes de impuestos.

A esos dos países no les importa que las facturas provengan de empresas fantasma siempre y cuando quede al menos un mínimo de beneficio que gravar (además, la salida de dinero queda justificada mediante el contrato). Después de todo, una empresa debería obtener un beneficio.

Con todo, sobre todo si la facturación no es muy elevada, es mucho más sencillo contratar los servicios de una agencia de facturación.

La agencia debería consistir en una empresa situada en un país con buena reputación (Inglaterra o Irlanda, por ejemplo) con oficinas en condiciones, empleados con seguridad social, número de identificación fiscal intracomunitario y cuenta bancaria de empresa local, entre otros.

Dicha agencia se ocupa de facturar a las empresas que lo requieran y de transferir luego el dinero a la empresa offshore contratista, restándole, eso sí, primero una pequeña comisión.

Librestado ofrece, en colaboración con una agencia de facturación, este servicio a empresas offshore. Solo puede contratarse para sociedades offshore que emitan varias facturas anuales de al menos mil euros.

De todas formas, si vas a facturar menos, como veíamos no suele ser un problema.

La comisión asciende al 5,25% del total de la factura, además de una pequeña cantidad fija a la firma del contrato (esta se paga una única vez). Si estás interesado, puedes escribirme directamente info.librestado@gmail.com .

Pese a que son muchos los aspectos a tener en cuenta si hablamos de la aceptación de facturas desde empresas offshore o empresas fantasma, todos tienen solución.

No existe lo que se dice una lista con países cuyas facturas se reconozcan (o no), siempre depende de cada caso concreto y espero haberte podido explicar en este artículo cómo funciona. De todas formas, si necesitas más asistencia con tu caso concreto, siempre puedes contratar una consulta individual.

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