En Librestado partimos de los principios fundamentales de la libertad, la propiedad privada, los derechos naturales del individuo y el anarcocapitalismo. Dado que los medios de comunicación y muchas personas sueltas insisten en calificar a los libertarios y anarcocapitalistas —con muy poco acierto— de extrema derecha, nos gustaría aclarar la situación una vez más con este artículo.

Este artículo está especialmente dirigido a las personas que han aterrizado en Librestado por casualidad y que no saben quiénes somos, de qué hablamos ni qué valores abanderamos.

No son muchos los que están realmente familiarizados con los conceptos que vamos a tratar aquí, pero tranquilos: vamos a explicarlo de forma sencilla y comprensible.

No es necesario forzar a nadie a adoptar las buenas ideas

Si algo se impone bajo la amenaza de cualquier forma de agresión, es porque nadie lo ve como algo intrínsecamente bueno. Si fuera algo obvia y naturalmente bueno, no tendría que imponerse por la fuerza.

Estamos en contra de cualquier tipo de coacción, abuso y autoritarismo. Al contrario de lo que nos intentan inculcar los Estados y políticos, que opinan que la paz social se logrará con el control estatal y la igualdad (haciéndonos a todos igualmente pobres y dependientes de los Estados), pensamos que el camino hacia una vida mejor para todas las personas sobre el planeta pasa por aumentar la riqueza y prosperidad, algo para lo que hasta ahora solo se conoce una vía, dejar trabajar al capitalismo libre (en contraposición al capitalismo de amiguetes, repleto de subvenciones, regularizaciones y proteccionismo).

Somos partidarios del intercambio voluntario, de la división del trabajo y la especialización y de la coexistencia pacífica de las personas sobre la base del respeto a la propiedad privada sin injerencia de terceros; todo ello en última instancia en el marco de contratos solo entre las partes implicadas —de forma que toda parte ajena carezca absolutamente de poder sobre dichos acuerdos—.

Defendemos una sociedad libre basada en normas, organizaciones e instituciones privadas, de forma adaptable y flexible, que beneficie más a las partes implicadas: quien crea el valor y quien paga por el valor. Queremos instituciones privadas que mantengan el orden y un sistema de reglas que nos permita cambiar dichas reglas, aumentar los beneficios, disolver aquellos sistemas que ya no funcionen e introducir otros nuevos y mejores —sin atacar a nadie injustamente o bajo coacción—. En este artículo no vamos a profundizar más en esta visión libertaria.

Justicia no significa que todos reciban lo mismo (eso sería comunismo): justicia significa que cada uno es responsable de su propia vida —tanto de sus éxitos como de sus fracasos— y debe ocuparse de su propia vida sin atacar ni forzar a los demás, ni tampoco haciéndoles responsables de la vida ajena.

La gente vive en busca de la felicidad, no necesariamente en busca de la maximización de sus beneficios. Por lo general, la gente prioriza la comodidad frente al beneficio. Naturalmente, los beneficios se asocian a menudo con la comodidad, pero solo hasta cierto punto. No se puede «entregar» felicidad, satisfacción y realización, ya que son algo intrínseco, subjetivo, relativo y completamente personal (dentro de una ética de la propiedad privada). Tan solo existe una lista de productos y servicios, y el dinero es el facilitador del intercambio de dichos productos y servicios con los que la gente produce felicidad para otras personas y compra felicidad para sí misma —incluso si la felicidad es algo intangible como tiempo libre con los hijos y la familia—.

Te consideramos un individuo soberano como los demás, exento de toda deuda con la sociedad. Eres absoluto, y no inferior al colectivo. Eres más que la suma de tus partes, al contrario que el colectivo, que es menos que las partes que lo conforman.

Rechazamos la idea de un líder, de un político, de una dirección estatal impuesta, de un gobernante y de un legislador. Creemos que las personas son perfectamente capaces de vivir en paz sin la intervención del Estado. La presencia de la coacción conduce a la ausencia de paz y prosperidad.

Entonces, ¿estamos a la derecha o a la izquierda? ¿Somos extremistas o estamos en el centro?

El concepto de derecha e izquierda

Esta definición maniquea de la realidad ha dejado de tener sentido en la sociedad contemporánea, pero se ha convertido en un lugar común y se mantiene como tal.

Los términos «izquierda» y «derecha» se establecieron durante la Revolución Francesa de 1789, cuando los miembros de la Asamblea Nacional se agruparon entre sí según su orientación política: los partidarios del reino existente se situaban a la derecha del Presidente de la Asamblea, mientras que los revolucionarios se sentaban a su izquierda.

Desde el punto de vista histórico:

  • A la derecha, los conservadores: «Hay que dejarlo todo como está». Era tarea del rey mantener las instituciones del poder monárquico. Los conservadores estaban a favor, por ejemplo, de las guerras para expandir y consolidar el poder y la hegemonía.
  • A la izquierda, los liberales: «hay que cambiar las cosas». Eran los «radicales» porque defendían que el rey no tenía ningún mandato divino para gobernar y que la esclavitud era completamente errónea e inmoral. Había que poner fin a las guerras y abrir los mercados. Con el tiempo, los liberales fueron ganando terreno, y por eso algunos de ellos pasaron de la «izquierda» a la «derecha», pues deseaban dejar las cosas como en ese momento estaban (ya que las consideraban suficientemente liberales). Desgraciadamente, abandonaron el cambio antes de conseguir la libertad total y la desaparición del Estado.

En resumen:

  • La derecha siempre ha estado asociada al máximo imperialismo, donde las zarpas del rey lo tocan todo y el resto de personas son sus súbditos, propiedad del monarca.
  • La izquierda siempre pensó que el rey era un demente y quiso «liberar» al pueblo de ese tirano controlador.

Mientras tanto, empezó a formarse un movimiento que intentaba unir ambas facciones:

  • Usar el poder absoluto del rey y la fuerza total (derecha)
  • Para «liberarlos a todos» (izquierda)

Este movimiento desembocó en el socialismo (marxista). Sin embargo, por definición, esto tampoco funciona, ya que la gente simplemente cambiaría el poder de un Rey X a un «Rey» Y. No se puede hablar de auténtica liberación.

Todo es cuestión de opinión, pues el Rey X piensa que está haciendo lo correcto y lo mejor para el pueblo, al igual que el Rey Y. Y esto es lo que causa todos los problemas, porque son las opiniones subjetivas las que determinan tu vida, mientras que tu propia opinión sobre tu vida no tiene voz ni voto en absoluto.

No hay libertad mientras un líder o institución superior esté en el poder como fuerza coercitiva, y punto.

Puedes intentar retorcer, tergiversar, doblar, darle la vuelta a esta frase… lo que quieras: se mantendrá siempre cierta.

Repetimos: nunca habrá libertad para los individuos mientras exista un líder o una institución suprema que se considere a sí misma como poder absoluto sobre todas las personas y se considere mejor y más capaz de dirigir sus vidas.

Quizás ahora entiendas la razón de nuestro nombre: ¡bienvenido al blog de Librestado!

La historia continúa:

El tercer «grupo» rompió el juego, porque por un lado estaban los que defendían la libertad y por el otro lado quienes defendían el Estado… y en medio se colocó este tercer grupo que defendía la libertad a través del Estado.

Y como este tercer grupo encontró mucha simpatía entre los trabajadores poco instruidos a través de un sencillo discurso populista (recordemos que estamos hablando del siglo XIX), estos socialistas se convirtieron en la NUEVA IZQUIERDA. De este modo, sacaron de escena a quienes defendían la libertad independientemente del Estado.

Ahora había dos «estados» enfrentados: Estado a la derecha contra Estado a la izquierda en un interminable duelo de opiniones que, en última instancia, condujo a varias guerras mundiales —en las que, de hecho, ambos bandos están equivocados, pues uno solo puede estar equivocado en un conflicto así—.

Y esto es lo que sigue prevaleciendo hoy en día.

Dicho de otro modo. Ante la pregunta de si la libertad se encuentra a la izquierda o a la derecha, la respuesta es que NO SE ENCUENTRA EN NINGUNA DE LAS DOS, porque derecha e izquierda invocan al Estado y la libertad aborrece y rechaza al Estado.

Los extremistas de derechas y de izquierdas son prácticamente lo mismo, porque ambos quieren defender el poder absoluto del Estado. El espectro no puede ser lineal si se considera que la libertad existe única y exclusivamente sin el Estado, y desaparece conforme este aplica su poder.

Lo más gracioso de todo es que a los representantes de la derecha —con Otto von Bismarck a la cabeza— se les ocurrió una «brillante» idea ante la creciente influencia de los socialistas que se acercaban a la clase obrera y ganaban más y más representación social:

«Si dentro de nuestro Estado totalitario empezamos a devolver a los trabajadores parte del dinero en forma de privilegios como aquellos de los que les privamos, se pondrán de nuestro lado».

Otto von Bismarck era tan «ingenioso» que pensaba que, si daba a los trabajadores asistencia sanitaria, por ejemplo, trabajarían, pagarían impuestos, le votarían, favorecerían a la derecha y los socialistas sufrirían una humillante derrota.

Es decir, un soborno sumamente conveniente.

Enhorabuena, ¡acaba de nacer el estado del bienestar!

Mientras estudiabas lo que se te ofrecía de izquierda a derecha, el Estado te ha estado exprimiendo de arriba abajo.

¿Liberal de extrema derecha?

Es completamente erróneo decir que el socialismo/comunismo y el fascismo/nazismo son extremos de un mismo espectro lineal. En realidad, son casi como hermanos gemelos que se pelean entre sí.

No se puede defender la libertad y el Estado al mismo tiempo.

O defiendes la libertad o no la defiendes. No basta con defender un poco la libertad ni con defenderla solo en los temas que te gustan.

No vale con defender, por ejemplo, el derecho a portar armas mientras te opones al matrimonio homosexual. Si ese fuera tu caso, no estarías defendiendo la libertad. En lo que respecta al derecho de armas, estás del lado de la libertad, pero en lo que respecta al matrimonio, estás del lado del Estado al desear que este promulgue leyes estrictas en contra del matrimonio homosexual. En otras palabras, estás defendiendo un aspecto del Estado, o lo que es lo mismo, estás defendiendo al Estado.

Ni siquiera tienen por qué ser ideas de ámbitos tan distintos y alejados: pueden darse contradicciones éticas y morales en cuestiones como la presión fiscal. No se puede estar a favor de los impuestos, ni siquiera de los impuestos bajos, si defiendes la libertad. Si piensas que unos tipos impositivos del 10 % o del 15 % están bien pero que unos del 42 % o del 73 % son demasiado, no defiendes la libertad: estarías a favor de los impuestos bajos y eso implica creer vehementemente que el gobierno tiene un derecho inconmensurable, mágico e innegable sobre la propiedad, el dinero, la casa, el coche e incluso la familia de otras personas, lo que aprenden sus hijos y todo lo demás.

El derecho fundamental del que todo el mundo goza es el derecho a su propia persona. El hecho de que uno se encuentra en una posición económicamente menos privilegiada mientras que otros tienen más medios económicos puede considerarse un incentivo. Demuestra que es posible alcanzar el éxito financiero trabajando bien y ofreciendo productos y servicios valiosos para el público. Esto ilustra la oportunidad de encontrar reconocimiento financiero a través del propio esfuerzo y la creación de valor. Es la unión perfecta que conforman la libertad y el libre mercado.

Pero permíteme que termine con el tema de la libertad antes de pasar al comercio, la especialización y la división del trabajo en un mercado libre:

La libertad no consiste en cambiar un gobierno que te prohíbe lo que te gusta por otro que prohíbe a otros que hagan lo que no te gusta.

Esa no es la libertad que defendemos. No es la libertad de la parte A gracias a la coacción o el robo a la parte B. Buscamos la libertad para todos, y esta solo se puede conseguir si vivimos y dejamos vivir, si dejamos de considerar nuestro derecho el que otros nos den lo que nos dé la gana recibir (vivienda, trabajo, salud, educación o lo que sea).

Defender al partido A o al partido B o al partido C, etc. es como elegir entre comprar seis huevos o media docena de huevos (es lo mismo, tan solo cambia el enfoque con el que coartan la libertad individual). Ningún partido defiende la libertad por definición, aunque defiendan un estado con MENOS PODER o INFLUENCIA. Ese gobierno seguiría opinando que debe haber un estado que regule «ciertas cosas» (las que sean), y ahí empezaría la batalla de opiniones. Porque, ¿dónde empieza y dónde acaba la regulación de esas «ciertas cosas»?

Como nosotros defendemos la propiedad privada y los socialistas de izquierdas están frontalmente en contra de la propiedad privada, la gente incapaz de ver las cosas más allá del blanco y negro nos sitúa en el extremo opuesto a la izquierda: para ellos somos de derechas, ¡y nada más lejos de la realidad! Esta clase de calificaciones provienen de un pensamiento limitado por el espectro lineal que ya hemos desmontado en este artículo.

La retórica engañosa y la propaganda contribuyen a la confusión masiva: por ejemplo, al presidente anarcocapitalista Javier Milei en Argentina siempre se le tacha de «ultraderechista», aunque ahora ya sabes que ese calificativo es totalmente desacertado.

Las personas que no están familiarizadas con las definiciones matizadas de las ideologías políticas podrían confundir el anarquismo y nazismo debido a un malentendido de base.

«La gente que no puede imaginar el orden sin coerción siempre acaba favoreciendo el poder sobre la libertad».

Jeffrey Tucker.

Un ejemplo concreto de la diferencia de posiciones: aunque existen en casi todos los países partidos euroescépticos que adoptan una postura crítica hacia la Unión Europea (como la AFD en Alemania, el Frente Nacional en Francia o la Liga Norte en Italia), los principios y argumentos subyacentes difieren considerablemente. Estos partidos rechazan la UE por razones nacionalistas, basadas en la idea de que una nación es superior a las demás. Nuestro rechazo, sin embargo, proviene de la convicción de que la Unión Europea es una entidad similar a un cártel que no sirve al libre mercado ni al intercambio directo entre productores y consumidores: nosotros vemos la UE como una institución que opera mediante regulaciones monopolísticas en beneficio de determinados miembros, lo que creemos que socaba la libertad y la competencia leal —y porque las leyes las hacen los gobiernos y los gobiernos son ilegítimos—. La Unión Europea no es más que un «macroestado» europeo, o va camino de serlo… ¡como si los Estados individuales no fueran ya suficiente…

Es una paradoja ideológica afirmar que se está a favor de la libertad social pero no de la libertad económica, o a favor de la libertad económica pero no de la libertad social, o que apoyas un poquito de cada una. Es como decir que «subes para abajo» o que «bajas para arriba»: o subes o bajas… o estás a favor de la libertad o no lo estás.

Un debate polarizado entre derecha e izquierda empobrece la semántica e impide el entendimiento, además de limitar totalmente nuestras opciones. Es un poco como si te ofrezco elegir entre ser encerrado en una vivienda con o sin jardín, pero ni siquiera nos paramos a pensar que otra opción sería no ser encerrado en ningún lugar.

El término «libertario» se confunde a menudo con la «oposición», ya que antiguamente todo solía reducirse a quién estaba en contra del rey y quién a favor. Sin embargo, ser la oposición significa no querer a ESTE rey, sino a MI rey, que me parece mejor y me gusta más.

Esta postura nada tiene que ver con la libertad, porque a nuestros ojos, cada uno es su propio rey y se preocupa únicamente de su vida… ¡porque tu vida es tuya!

De hecho, solo hay dos grupos; y puesto que «derecha» e «izquierda» originalmente solo se referían a la disposición de los asientos en la sala desde el punto de vista del rey, estos términos carecen de sentido a día de hoy.

Las verdaderas preguntas que deberíamos hacernos son las siguientes:

  • ¿Estás a favor del colectivismo o del individualismo? ¿Apoyas al grupo o al individuo?

O dicho más claramente:

  • ¿Quieres que los demás controlen tu vida o te esfuerzas por controlar tu propia vida sin tratar de controlar la de los demás, porque cualquier otra cosa sería hipocresía?

Este es el grupo que está a favor de la existencia del Estado (círculo negro con otros círculos dentro):

A favor del Estado

(Ya sea dirigido por el Partido A, el Partido B o el Partido C)

[AZUL TURQUESA] Están a favor de restringir la libertad, lo que implica que están a favor de una mayor intervención del Estado.

[ROJO] ¿Quién es realmente el Estado y por qué hace tantas leyes?

[MARRÓN] Apoyan la idea de un Estado minimalista que se limite a unas pocas tareas para garantizar a los ciudadanos un 80 % de libertad.

[ROSA] Son partidarios de un Estado equilibrado que garantice una «libertad moderada».

[VERDE] Están convencidos de que la libertad solo puede existir en el marco de las estructuras estatales.

[MORADO] Desprecian la política porque les parece aburrida, pero se interesan por ella en cuanto perciben privilegios personales que les reportan ventajas particulares. Sin embargo, optan por dedicar la mayor parte del tiempo a cosas más entretenidas y hacen caso omiso de las cuestiones políticas.

[AZUL CLARO] Nunca se han planteado seriamente el concepto de libertad, ya que jamás han cuestionado el papel del Estado. Esta actitud se debe a que en la escuela les enseñaron que sin el Estado reinaría el caos más absoluto.

Y este es el grupo que está a favor de la libertad (círculo amarillo):


A favor de la libertad
(No hay libertad mientras haya un líder o institución absoluta en el poder)

En algunos discursos políticos se tiende a clasificar toda creencia política de acuerdo a un criterio simplista de izquierda-derecha y bueno-malo. Esto lleva a agrupar erróneamente ideologías muy diferentes cuando apenas comparten una única característica, como es el rechazo del actual sistema político.

El Estado es la gran farsa en la que todos quieren vivir a costa de los demás. Mientras te mantengas dentro del círculo negro, la libertad estará fuera de tu alcance.

He aquí otros interesantes artículos bien argumentados de nuestro blog que complementan este artículo:

No eres más «antisocial» que los demás por no querer pagar impuestos. Cualquiera que te obligue a pagar impuestos bajo amenaza de cualquier tipo de violencia es «antisocial». Y quien lo aplauda, participe o sencillamente mire para otro lado también entra en ese mismo saco. No te dejes estigmatizar solo porque te preocupa tu libertad.

Vale, entendido… pero, ¿qué es eso del anarcocapitalismo?

Los anarcocapitalistas son partidarios de una sociedad basada en acuerdos voluntarios, la propiedad privada y el libre mercado; en la que todas las relaciones se basen en el consentimiento mutuo y en la que la libertad individual y el derecho a la propiedad se consideren los valores más elevados. Sostenemos que la competencia fomenta la calidad y la innovación, además de reducir los costes. En una sociedad así, empresas privadas, cooperativas y demás organizaciones voluntarias prestarían estos servicios.

Algunas personas son buenas haciendo una cosa, otras son buenas ofreciendo otra distinta… se trata de una división del trabajo en la que cada persona busca lo que otra persona ofrece. La especialización permite ofrecer aún más valor y beneficios a los clientes.

Estamos convencidos de que las empresas privadas y los particulares son capaces de prestar servicios como la seguridad, la justicia y demás bienes públicos de forma más eficaz y justa que el Estado.

Ya hemos dicho que el objeto de todo ser humano es buscar la felicidad. Para ilustrar este punto, tomemos el ejemplo de la educación.

La educación está definida y ordenada por el Estado de la A a la Z.

En casi todo el mundo, crear y aplicar un sistema educativo diferente es sencillamente un delito. La gente tiene que utilizar el sistema impuesto por el gobierno, bajo la amenaza de ser procesados y de perder la custodia de sus hijos (¡!).

La única forma de conseguir variaciones y mejoras en el sistema educativo es rezar 100 padrenuestros y 200 avemarías, hacer 30 saltos mortales y 4 piruetas, intentar lamerse el codo mañana y noche y bañarse en orégano con aceite de coco cada dos jueves; todo ello con la esperanza de que algún día los diputados y senadores se interesen por «tu opinión» al desarrollar las leyes. Rezar y esperar suena bastante deprimente, ¿no crees?

En otras palabras, se obliga a la gente a participar en un sistema que no tiene por qué funcionar para ellos, independientemente de si los servicios prestados son eficientes, de si satisfacen sus necesidades o directamente de si a la gente le interesan lo más mínimo.

De hecho, no hay penalización por los errores cometidos por los políticos responsables de diseñar y administrar este sistema. Ni el bien ni el mal importan en una construcción impuesta por el Estado.

  • Estar en contra del control estatal absoluto de la educación no significa desear que no exista educación.
  • Defendemos que la educación permita a todos crear e innovar, en el que las ideas de nuevos sistemas sean bienvenidas y puedan incorporarse a los modelos de trabajo.
  • Profesores, padres, escuelas, científicos y, en definitiva, todo el mundo debería poder participar con la buena intención de añadir valor.
  • Todo el mundo debería poder aportar LIBREMENTE sus ideas y hacer una propuesta de sistema educativo.
  • Diferentes sistemas deberían poder trabajar en paralelo para que la gente participe LIBREMENTE en lo que prefiera según sus propios intereses.
  • Naturalmente, habrá sistemas que funcionen y sistemas que no, en función de los resultados que la gente busque en esta sociedad LIBRE.
  • Nótese que LIBRE no significa GRATIS

Porque… ¿qué es una buena educación?

La buena educación es un concepto extremadamente amplio, específico y subjetivo. Lo importante es que tengas la libertad de crear algo, así como de elegir y determinar.

Esto es anarcocapitalismo en estado puro.

Cuando el Estado interviene e introduce una estructura y un sistema de normas en los que la participación es obligatoria, arrebatando a las personas la libre elección, el poder de decisión y la autonomía; impide que la sociedad funcione de forma que ofrezca a todos la oportunidad de buscar la felicidad.

El cómo llegamos al anarcocapitalismo es un problema de cálculo económico, pues hay muchos factores subjetivos desconocidos y muchos caminos posibles que tienen en cuenta las acciones humanas arbitrarias de individuos con valores diferentes.

Si diéramos una «opinión» sobre «cómo deberían ser las cosas», no seríamos mejores que cualquier político o rey. Ninguna persona, ningún partido, ningún Estado puede predecir el orden espontáneo de las cosas. Incluso con la tecnología más moderna y la inteligencia artificial más puntera, faltan miríadas de información que el mecanismo descentralizado del mercado puede proporcionar de forma natural.

Sin embargo, conocemos las vías reales con las que luchar por la libertad:

  1. Acceder al poder del Estado y disolverlo desde dentro: una opción difícil y francamente improbable, ya que todo Estado se pudre desde dentro. Si tenemos en cuenta que más del 50 % de la población son receptores netos del Estado, personas que reciben más de lo que dan, el camino democrático a través de la política resulta absolutamente desesperanzador.
  2. Actuación individual y unilateral: es decir, salir del sistema. Esto es lo que defendemos en Librestado como punto de partida. Privar al Estado de nuestros recursos para socavar el poder del gobierno. Construir estructuras paralelas en tu propia vida mediante la teoría de las banderas también forma parte de esta estrategia.
  3. Ciudades privadas libres contractuales y economía peer-to-peer con divisas digitales: la gente que ha abandonado el sistema (siguiendo la vía de actuación 2) establece sus propias estructuras paralelas con los demás. Solo podemos apoyar esta vía mientras las vías de actuación y decisiones sigan siendo voluntarias en todo momento.

«El hombre que no se valora a sí mismo no puede valorar nada ni a nadie»

Ayn Rand

¡Porque tu vida es tuya!

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